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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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16 Septiembre 2018 04:01:00
Dos centenarios
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…”. La primera frase de Dickens en Historia en dos ciudades define a la perfección lo ocurrido en Saltillo en materia de cultura hace 100 años. Con días de diferencia, en septiembre de 1918 ocurrieron dos acontecimientos contrastantes. Uno de ellos altamente positivo: el arribo al Ateneo Fuente de la colección de pintura donada por la antigua Academia de San Carlos. El otro, en cambio, marcó un retroceso en la historia de la vida cultural de nuestra ciudad: el incendio del Teatro García Carrillo la noche del martes 3 de septiembre.

La capital de Coahuila se enriqueció con el valioso acervo de artes visuales, en tanto que, casi simultáneamente, perdía su único teatro. Este incendio la condenó a la carencia de un espacio adecuado para representaciones escénicas hasta la inauguración de la pequeña sala del Seguro Social, en 1958, y, años después, durante el gobierno de don Óscar Flores Tapia, la construcción del Fernando Soler. Aquel México de 1918 no acababa de superar la violencia revolucionaria, aunque para entonces el movimiento armado había definido su rumbo político con la promulgación de la Constitución en febrero del año anterior.

Como presidente de la República, don Venustiano Carranza enfrentaba una situación de inestabilidad que bordeaba el caos. Zapata se mantenía en pie de guerra en Morelos, Puebla y Guerrero; en
Chihuahua Francisco Villa asolaba ranchos y pueblos. Y no eran esos los únicos focos de rebelión: Luis Caballero, en Tamaulipas; Manuel Peláez y Félix Díaz, en Veracruz; Inés Chávez, en Michoacán y Jalisco; Silvestre Mariscal, en Guerrero; los soberanistas oaxaqueños y hasta sus paisanos Francisco Coss y Luis Gutiérrez luchaban contra el coahuilense.

Al echar un vistazo a la situación en ese momento, sorprende que Carranza se diera tiempo de comenzar la reconstrucción del país utilizando como cimientos la educación y la cultura, lo cual se puso especialmente de manifiesto en las expresiones de gratitud a esta que había sido su casa de estudios.

Esta Pinacoteca, ya centenaria, contiene obras de arte de primerísima calidad y, en cierto sentido, puede admirarse como una historia de la evolución de las artes visuales en México. También constituye una muestra del rigor que imperaba en los estudios de la Academia, donde los alumnos perfeccionaban la copia de la naturaleza o de modelos en yeso hasta la obsesión. Igualmente de gran valor son las pinturas europeas que posee.

La Pinacoteca del Ateneo es, con el Museo Arocena de Torreón, una de las dos principales colecciones de artes plásticas de Coahuila, con la diferencia que el Arocena está enfocada al arte europeo, mientras esta cuenta en su catálogo con obras de artistas mexicanos de primera fila.

Hoy, a 100 años de distancia de su inauguración oficial, hay dos motivos principales para celebrar la efeméride. La primera, el que Carranza concretara la donación del acervo y, en segundo lugar, congratularnos de que a lo largo de un siglo –lo cual se dice fácil– muchas generaciones de ateneístas hayan conservado celosamente esta joya del patrimonio cultural del estado de Coahuila de Zaragoza.

Esperemos que la celebración de este centenario se convierta, por así decirlo, en un relanzamiento de la Pinacoteca, avivando el interés de propios y extraños por conocerla y disfrutarla. (Extracto del texto leído el 13 de septiembre en la ceremonia conmemorativa del primer centenario de la fundación de la Pinacoteca del Ateneo Fuente).
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