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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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02 Noviembre 2017 04:00:00
Edomex confunde cárceles con basureros
A Luis González Nieto, “El Tatos”, se le ha querido presentar como el demonio que causó todos los males en el penal de Chiconautla. Para tranquilizar los ánimos, la autoridad del Estado de México anunció que el tumor canceroso fue enviado a una cárcel en Gómez Palacio, Durango, y con ello el tema quedó resuelto.

Se trata de una mentira harto tramposa. “El Tatos” no es la enfermedad, sino una roncha más de sarampión. Una de miles que pueblan las cárceles enfermas de negligencia, falta de presupuesto, autogobierno y una gestión desastrosa.

Chiconautla es un penal construido en el fondo de un basurero. No es metáfora. A mediados de la década de los 80 del siglo pasado, el Gobierno del Estado de México decidió retirar con una inmensa pala el corazón de un vertedero para colocar en su centro una construcción carcelaria que habría de albergar a unos mil 700 reos.

Sin embargo, la misma autoridad que tomó esa extraña decisión olvidó después cerrar el basurero. Hoy Chiconautla sobrevive custodiada por paredes de desperdicio que, por momentos, hacen insoportable el olor dentro de esa instalación, y también de los nuevos juzgados edificados para albergar el nuevo sistema penal y sus juicios orales.

Si llueve, los desperdicios bajan hacia esa cárcel. Si sopla viento, presos y custodios deben utilizar tapabocas para soportar el hedor. Si hace frío, la ropa se pone pegajosa y apesta a cáscara de plátano y pañal desechable. En Chiconautla se tiran los desperdicios humanos junto con los seres humanos olvidados. Mientras en la ladera los camiones de basura arrojan podredumbre, bajo la montaña los reclusos están condenados a recordar todo el tiempo que son la escoria de la sociedad.

Esta prisión alberga una población 400 veces superior a la que debería. Sobreviven aquí más de 4 mil 700 reclusos. La mayoría vive en El Pueblo, la zona donde los internos visten de beige, comen rancho y duermen 12 y 15 por celda, a pesar de que las crujías fueron concebidas para dar alojamiento a sólo cuatro sujetos. Rancho se llama a la alimentación detestable que dentro de ollas inmensas mezcla productos de calidad ínfima y que por su consistencia grumosa es imposible descifrar.

En cambio, los privilegiados en Chiconautla pagan una cuota semanal de 800 pesos para disfrutar de mejores instalaciones. Esos reclusos visten de azul y cuentan con superior nutrición y libertad.

Menos de la mitad de los internos de este penal han sido sentenciados y probablemente seis de cada 10 son inocentes del delito por el que fueron encerrados. Porque la justicia funciona mal en los tribunales, las familias de estos reclusos visitan los miércoles y los domingos, como quien lo hace con un hermano, un padre o un marido que cayó enfermo, por obra del azar, en una sala de hospital. La Familia Michoacana es la banda que ordena la vida en Chiconautla. Este penal se encuentra en el municipio de Ecatepec y, por tanto, esta banda criminal decide aquí quién vive y cómo vive cada quien. Si en este territorio criminal cae por azar alguien perteneciente a otra organización delictiva, como, por ejemplo, “El Tatos”, las cosas pueden ponerse rudas.

ZOOM: La justicia tiene cuatro patas para funcionar. Una de ellas es el sistema carcelario que, de tan devastado, explica por sí solo por qué la justicia mexicana anda por los suelos.
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