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Dalia Reyes
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23 Junio 2018 04:00:00
Educación mística
La relajación siempre es buena, hablando del cuerpo estresado, claro. Pero cuando aplicamos el término a leyes y reglamentos válganos Dios con las consecuencias.

Tengo serias dudas de que lo anterior sea una regla, pues no le encuentro la excepción: Si hablamos del vecino, la mamá, el hijo o el perro, el resultado será el mismo y no es difícil comprobarlo.

Miren que mis ejemplos fueron bastante ordinarios y prosaicos: Si dejamos una vez a un chiquillo incumplir con la tarea, será un infiernillo la vida después de esa tarde para volverlo al redil; igual a la oveja, con dificultad la regresaremos si dejamos que sea montaraz.

Ahora imaginen dónde irán las ovejas pastoreadas en una religión. Fíjense hasta qué niveles llegamos en tres párrafos, cuando empezamos hablando del Firulais y lo peligroso de permitirle una sola vez dormir dentro de casa.

No es chisme, es plática, decía la tía Rosita, pero el otro día me tocó consolar a una mujer entrada en años quien salió bañada en lágrimas de la iglesia. Sé cuán catártico puede ser enfrentarse con el dueño de la casa máxima en cuestión de fe, pero no se trataba de eso, sino de una extrañísima respuesta dada por un sacerdote.

Me contó la dama de su intención para regalar una Biblia a su amiga Judith; como quería hacer el favor completo, llevó el libro a bendecir con el sacerdote de la iglesia católica más cercana. El hombre, cuya apariencia era más de empecatado que de confesor, le contestó sardónico: “¿Una Biblia? ¡Regálele mejor el Kamasutra, señora!”

Comprendí a cabalidad el dolor que la invadió, porque en la respuesta cupo tanta no sólo una falta de respeto a persona tal, sino una indignidad que abraza a nuestras instituciones, incluso aquellas cuya solidez debiera ser indiscutible.

El sacerdote ventiló con el tiempo mucho más de su carácter y la iglesia, al mantenerlo en su puesto, mucho más de su extravío. Las instituciones sociales deben de cumplir un cometido, cuando éste se pierde, van con ellas al abismo todos seguidores.

Hace poco un representante y alto jerarca católico criticó la situación educativa en nuestros niños mexicanos y exigió la atención debida en las aulas y la corrección en los sistemas magisteriales.

Muy estimado señor, le diría yo: La educación no se cierne a las escuelas, ni a las familias, ni al aparato de Estado nada más, para eso está usted leyendo la Biblia.  ¿O acaso le recomendaron también el Kamasutra?

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