×
Julio Hernández López
Julio Hernández López
ver +
Julio Hernández López es un periodista mexicano que escribe para el periódico La Jornada. Siendo autor de la columna "Astillero".

" Comentar Imprimir
10 Septiembre 2013 04:00:35
Efectismo fiscal
A las crecientes presiones a la economía nacional, Enrique Peña Nieto, ha agregado un paquete de propuestas que de inmediato ha multiplicado las tensiones en ciertos partidos y grupos de poder y que pareciera obedecer más a una vocación de malabarismo múltiple y de efectismo político que a un intento de reformar a fondo el enredado e injusto andamiaje fiscal mexicano.

De entrada, las iniciativas presentadas el domingo recién pasado por el peñismo fueron caracterizadas por una ausencia: a pesar de la insistente exploración de esa posibilidad, no se planteó la extensión del Impuesto al Valor Agregado a los alimentos y las medicinas (IVAam). Según las explicaciones dadas por el gobierno federal, se mantuvo esa exención a partir del reconocimiento de la difícil situación económica actual, atribuida en parte a factores externos pero también derivada de una crítica situación interna que en diagnóstico de impensable sinceramiento fue reconocido en el texto entregado por el secretario Luis Videgaray a diputados federales. En diez puntos concretos , bajo el título “¿Por qué? La situación de México” (http://bit.ly/17lShj2 ), Hacienda reconoce tajantemente el fracaso de cuando menos los treinta años recientes de gobierno federal, repartidos entre administraciones priístas y panistas.

El retiro del tema del IVAam generó protestas en el medio empresarial y en una de sus vertientes partidistas, la de Acción Nacional, mientras que en el aliado PRD dirigido por el grupo de Los chuchos motivó algarabía, pues les permite desarrollar un discurso de éxito negociador, atribuyendo a esa izquierda pactista el freno de tan polémico punto. Desde el flanco del partido en construcción, Morena, también hubo militantes que quisieron encontrar visos de victoria en el mencionado retiro, adjudicándolo específicamente al impacto que habrían tenido tanto su movilización dominical en la Ciudad de México como el anuncio de protestas en curso de organización.

Las primeras lecturas permiten asumir que en un giro sorpresivo el peñismo “arrebató” banderas a la izquierda y se contrapunteó con el segmento derechista que hasta ahora le ha apoyado. El empresariado y la clase media aparecieron como principales damnificados en grado de tentativa (recuérdese que, a fin de cuentas, Peña Nieto está dando un inmediatista golpe político y mediático, pero las presiones de fuertes grupos de interés podrían hacer que en el congreso se “corrijan” algunas de las propuestas): en términos genéricos, sin que aún se conozcan los detalles que serán los que definan profundidad y extensión de esas medidas, se ha hablado de eliminar las normas que permiten la consolidación fiscal, tan utilizada para pagar menos impuestos al repartir ganancias entre firmas volátiles que intencionalmente registran pérdidas,  de acotamiento de regímenes preferenciales y de gravar las operaciones en el mercado de valores.

Los señuelos de “justicia social” mediante la reforma hacendaria incluyen una pensión universal para mayores de 65 años (parecida a lo que Andrés Manuel López Obrador hizo en el gobierno capitalino y se ha sostenido y extendido a otras entidades, antes tachada esa política de “populista”) , seguro de desempleo (con un guiño especial a quienes trabajan en el sector informal, al que desean incorporar a la base tributaria), más inversión en infraestructura (pastel a repartir entre grandes firmas) y “más y mejor educación” (otro guiño presupuestal, esta vez al magisterio en lucha, a los oficialistas del SNTE y a los gobernadores para atender los conflictos locales).

En la búsqueda de recursos para financiar tan ambiciosos proyectos, el peñismo recurre al intento de reducir hasta donde le sea políticamente posible el régimen de consolidación fiscal y otras formas de excepción que han favorecido históricamente al cerrado grupo de grandes empresarios que constituyen uno de los principales apoyos de Peña Nieto, tanto para su apropiación del poder como en su sostenimiento actual. Otra exacción que ha causado turbulencia es la pretensión de aumentar del 30 al 32% el Impuesto Sobre la Renta (ISR), aunque a cambio se retiran otros instrumentos de control como han sido el Impuesto Especial a Tasa Única (IETU) y el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE), éste supuestamente establecido para inhibir las operaciones provenientes del sector informal de la economía y detectar negocios relacionados con el crimen organizado.

Pero también ha decidido el peñismo luisista (por Luis Videgaray) entrar a galope a los bolsillos de los segmentos populares y de clase media: impuesto a las bebidas azucaradas (ya los productores han advertido que tendrán que aumentar entre 15 y 20 por ciento el precio de sus líquidos, entre los que se encuentran las bebidas de cola que en el caso de la Coca casi forman parte de la canasta básica nacional), a la renta, venta e hipoteca de bienes inmuebles, a los chicles (que, efectivamente, no son alimento), a las colegiaturas o pagos de estudios en instituciones particulares y a la comida para mascotas (algunos pícaros creyeron ver en esta medida un golpe gastronómico a ciertas cúpulas partidistas). Además, la zona fronteriza recibe un golpe tremendo al emparejarse el cobro del IVA, del 11 al 16%. Los gasolinazos se mantienen aunque con la promesa de que serán en una proporción menor a la alcanzada hasta ahora.

Una propuesta de reformas constituida de malabares políticos, ansiedad por contener la protesta popular y necesidad imperiosa de aparentar giros hacia la izquierda, aunque sin claridad en cuanto a las formas de sustentar tales propuestas y con el “riesgo” de que los propósitos de EPN sean frenados en las cámaras por una auténtica o acordada reacción empresarial, panista y de clases medias. En ese ofrecimiento de presuntos logros en materia fiscal, Los Pinos ha cedido a la tentación del déficit tan satanizado por algunos tecnócratas. Y, desde luego, esta zanahoria económica y hacendaria tiene como condicionante la aprobación clara de otras reformas, especialmente la energética. ¡Hasta mañana!
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2