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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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11 Noviembre 2018 04:05:00
El amor más allá del cielo
QUERIDOS AMIGOS: Aquí con unos kilitos de más (ja, ja, ja), ¿y ustedes? Pues la verdad con tanto pan de muerto, por todos lados, en la oficina, en la casa de la comadre, en la escuela, en la reunión familiar, en la casa de los abuelos, de las hijas, vaya ya anda uno como las llantas, rodando, y agárrense que aún no llegamos a diciembre, ¿qué tanto falta, verdad? Santo Cristo de la capilla, qué rápido se me fue este año, ¿a ustedes?.

Pues yo le comparto que me encuentro muy emotiva, pensativa, agradecida, reflexiva y creo que son las fechas también, donde uno va haciendo recuento de lo acontecido durante este año, quienes se nos adelantaron en el camino, quienes se fueron de nuestras vidas, quienes llegaron y quienes siguen. Qué logramos hacer, a quién dejamos ir, a quién dejamos entrar en nuestras vidas, en fin, todo esto se viene a mi mente por las fechas pasadas, que uno recuerda a sus seres amados que ya no están físicamente con nosotros, algunos duelen aún, otros el dolor ha pasado, o bien ya el duelo terminó.

Les decía que estoy emocionada, pues el 2 de noviembre pasado mi hija Verito, junto con su hermanita Estefa, le hicieron un altar a su abuelita paterna a su “tita” y a su hermanito Abrahamcito, como fue mi segundo bebe, y Verito estaba muy pequeña de 2 años apenas, pues no lo conocieron, sólo su papá, mi mamá y yo lo vimos ya sin vida, el dolor más grande que he tenido en la vida. Sin embargo, me dieron mis hijas un bello regalo, haciéndole su altar junto a su abuelita, están ya juntos, y en aquel tiempo, hace ya 26 años, un 27 de Abril, mi pequeñito hijito, no existió para el mundo, sólo para sus dolidos padres, y nuestra familia nuclear. Yo vivía en Aguascalientes, sólo con mi entonces esposo, y Verito.

Recuerdo que en la cabecera, teníamos, un rostro de Jesucristo, y Verito, al decirle con todo el dolor de mi alma, que a su hermanito se lo había llevado Diosito, ella inocente y con toda la ilusión de conocer a su hermanito, me dice, ¿cómo que se lo llevó Diosito mami?, si Diosito no tiene manos ¡Uf!, mi alma estaba desecha, la abracé con todo mi amor, y le dije: “mi vida, es cierto este Diosito no tiene manos, ni cuerpo, sólo es su rostro, pero mira, y le enseñé uno que estaba en el otro cuarto, pues en el de ella estaba una virgen, y fue la manera en que se quedó tranquila al ver que Diosito sí tenía manos, ella a su corta edad no entendía, sin embargo sí estaba triste porque tenía la ilusión de tener un hermanito para jugar, y bueno, pues su papá llegó luego con un pollito, y ella se puso muy contenta, así que llegaba de maternal, y se ponía a jugar con él.

Sin embargo, un día la muchacha que me ayudaba en los quehaceres de la casa, se llamaba Sandra, una chica de 16 años, excelente muchachita, sin querer cerró la puerta del patio y pues… adiós pollito, creo que le dije, que el pollito se había querido regresar con su mamá porque la extrañaba mucho, y bueno yo tenía apenas 22 años, sin mucha experiencia, pero ya con un gran dolor por la partida de mi bebe, y mi Verito me vuelve a decir, “mami, y mi hermanito se va a venir también contigo como el pollito se fue con su mamá. ¡Uf!, ya no tuve en ese momento respuesta, y rompimos en llanto las dos.

Siempre estamos teniendo pérdidas en la vida, unas que desagarran el alma, otras de menor grado de dolor, pero así es la vida. Y este 2 de noviembre fue realmente un bella sorpresa que mi Verito me tenía con mucho amor, siempre ha sido como yo en muchas cosas, entre ellas la sensibilidad a flor de piel, así mismo hicieron en Avemed un altar a los bebés no nacidos, o que nacieron y fallecieron al instante de nacer, o días después, y fui a verlo, y ahí estaba una notita con el nombre de Abrahamcito, con una velita y un caballito, pues como su papá es charro, pues seguramente a él le hubieran encantado los caballos sin duda, así como a sus hermanitas les encanta esos bellos animales, tan sensibles.

Y bueno, al llegar estaba sola frente a ese altar, con baberos, juguetitos, angelitos, velitas, cartitas con los nombres, juguetitos, ropita, zapatitos, calaveritas de azúcar, el fondo blanco, dulces, flores, cobijitas, ositos, chupones, muñequitas, en fin todo lo que una madre amorosa y que ama a su bebé quisiera darle, hasta un Gerber, recuerdo, había. Sentí tanto amor y ternura al inclinarme para verlo de cerquita, sentí una gran paz, mis lágrimas recorrieron una vez más mis mejillas de sentir tanto y tanto amor, en cada detalle amoroso puesto en ese altar de santitos bebés. Lo que les pueda contar es poco, para el sentimiento que me embargó, sentí un alivio, una alegría inexplicable. Fue como una fiesta celestial para ellos.

Gracias hijita, mi Verito, te amo. Dónde pueden estar mejor nuestros hijos, si no es en los brazos amorosos de Dios y nuestra Madre Santísima, que sabe mejor que nadie el dolor de perder a su único hijo. El amor de una madre es eterno e infinito. Sí tu bebé no pudo nacer por cualquier circunstancia de la vida, o nació y no pudo seguir viviendo, su misión ahí mismo terminó, era el momento preciso de su perfección en la tierra, eso me consuela, saber que era justo el tiempo necesario que tenía que vivir. Preguntas hubo muchas, pero ahora, sólo hay paz, esa paz que viene del Espíritu Santo, y te reconforta una y otra vez con ese amor sanador y divino.

A cada madre que ya no tiene a su hijo en sus brazos, cierre los ojos e imagine el rostro celestial de Dios mirando con tanto amor a tu hijito y en sus brazos, y tu hijito sonriéndole feliz a su creador.

Te abrazo muy fuerte con mucho amor. Y pido a Dios y a su Espíritu Santo que el dolor se convierta en paz en tu alma.
Hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.
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