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Dan T
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29 Marzo 2018 04:07:00
El amor también está en campaña
Señora, señorita que lee esta bonita e interesante columna, le tengo una buena noticia: a partir de este fin de semana, comenzará a ver a su pareja con verdaderos ojos de amor. Y si no tiene marido, novio, amigovio o un simple free, le aseguro que lo conseguirá en cuestión de días, dado que usted misma dejará de cerrarle la puerta a Cupido. ¿Y cómo va a ocurrir este milagro?, se preguntará usted mujer lectora. Muy fácil: porque empiezan las campañas electorales. Sí, sí, no ponga cara de “a este columnista ya se le echó a perder el bacalao y se le subieron los romeritos a la cabeza”.

Déjeme explicarle cuál es la relación entre el mejoramiento que tendrá su vida amorosa y el proceso democrático nacional. Es muy sencillo: a partir de hoy comenzará un incesante, inclemente e inquietante bombardeo de comerciales electorales. Como violáceas flores de jacaranda que no dejan de ensuciar el piso, así caerán sobre su cabeza los spots de las campañas, uno tras otro tras otro tras otro... hasta el 1 de julio.

En esos comerciales, señora, señorita, usted verá toda clase de políticos: altos, feos, inteligentes, barrigones, bigotudos, lampiños, atléticos, aquellos a los que los viste su mami, esos que no conocen el agua y el jabón; greñudos, pelones y barbudos; los que fueron a la escuela y no entendieron nada; y los que con la pura primaria son millonarios. También los verá con propuestas, con sueños guajiros, con locuras como planes de gobierno. Unos serán risueños como galanes de telenovela; y otros parecerán primos de Shrek.

Seguramente habrá más de uno al que le apesten los pies y esperemos que por lo menos uno esté muy bien dotado. No dude que varios de ellos hayan estado alguna vez en un table; y probablemente habrá otros que trabajaron como strippers. Verá usted candidatos de los verdes, de los tricolores, de los azul con amarillo, de los morenos y hasta de los naranjas. ¿Y todo eso qué tiene qué ver con el amor?, seguramente se está preguntando de nuevo, señora, señorita. Ya voy, ya voy.

Aunque todos esos candidatos son diferentes entre sí, tienen algunas cosas en común. La primera es que son mentirosos. Ninguno de ellos, señora, señorita, le está diciendo la verdad. Y no sólo eso: también son mañosos. No llegaron a ser candidatos por sus virtudes sino porque, necesariamente, se prestaron al juego perverso de la política. Y, por lo mismo, tienen la conciencia más sucia que un excusado en el departamento de cinco estudiantes universitarios.

Conforme usted vaya viendo más a los candidatos, verá con mayor cariño y amor a su pareja. Y si no tiene pareja entenderá que no tiene caso esperar al príncipe azul, dado que todos los hombres son (somos, lo sé) un caso perdido. Piénselo: mientras López Obrador hace berrinche por el aeropuerto, ese abnegado hombre sigue a su lado a pesar de los años. Mientras Anaya lava dinero sucio; hay un hombre que no guarda ni un peso de quincena para él, porque lo comparte todo con usted. Y mientras Meade nomás no levanta, cerca de usted hay un hombre no muy guapo, pero sí cumplidor.

Vea el spot electoral en la tele, voltee a ver su pareja y dígale desde el fondo de su corazón: “¡Qué bueno que no eres candidato!, ¡qué bueno que te tengo!”. Y apúrese a hacerlo, señora, señorita, porque ya viene el Mundial y en cuanto empiezan a jugar los croatas, los franceses y los belgas, todos los mexicanos nos volvemos feos.

¡Nos vemos el martes!
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