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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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02 Abril 2019 04:06:00
El año en que Coahuila imitó a Orwell
Y la distopía se hizo realidad: si nadie se interpone, en Coahuila se cumplirá la profecía que George Orwell publicó en su libro 1984: un Gran Hermano nos observará las 24 horas del día. En el caso que nos ocupa, a través de 1,281 cámaras de videovigilancia colocadas en 370 puntos estratégicos de los 11 municipios más poblados de la entidad (Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga, Torreón, Matamoros, Francisco I. Madero, San Pedro, Monclova, Frontera, Acuña y Piedras Negras).

Ironía es que suceda justo en 2019, cuando por decreto ha sido nombrado Año del Respeto y Protección de los Derechos Humanos en el Estado.

El que nada debe nada teme, se dirá en defensa del método.

Sin embargo, el miedo –real o provocado– no debería reducir nuestra esfera personal. La idea de entregar privacidad a cambio de seguridad conculca derechos. El Estado debe garantizar ambas: privacidad y seguridad, no sólo una.

Además de 1281 “ojos” digitales, de consumarse la iniciativa, la Administración estatal tendría un software a su disposición para magnificar y manipular la información obtenida con ellos (vehículos y placas, sí, aunque también tecnología de reconocimiento facial). Algoritmos de inteligencia artificial para la supuesta investigación y persecución de delitos.

Y como no dirían la ubicación de las cámaras, alegando reservas obvias por seguridad pública, siempre habría la tentación de usarlas para espionaje a adversarios políticos, grupos de presión, defensores de derechos humanos, periodistas, activistas y cualquier ciudadano incómodo al poder en turno. Una herramienta poderosa, en las manos equivocadas, se vuelve peligrosa.

El proyecto presentado contempla tener acceso a las fotografías de Plataforma México de la Comisión Nacional de Seguridad y, lo más inquietante del asunto, a la base de datos de las licencias de conducir. Al respecto cabe señalar que la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad encargó en 2018 la emisión del documento a la empresa Cosmocolor, S.A. de C.V., de Jorge Kahwagi Gastine, y para renovarlo actualmente se requiere dejar las huellas de los 10 dedos de las manos, iris del ojo, CURP, comprobante de domicilio, acta de nacimiento y credencial para votar. Si usted tramitó el plástico sepa que dicho particular tiene vía libre a sus datos personales que por ley deberían estar protegidos.

Asimismo, Gobierno del Estado anticipó que buscaría un convenio con el INE para que permita cotejar los rostros obtenidos a través de la lente, con su padrón. No solo eso, a centros comerciales y negocios de la entidad que cuentan con circuito cerrado pediría enlacen su sistema con el C4, y a los ayuntamientos, lo mismo con sus cámaras urbanas a fin de maximizar la tecnología.

El acopio de datos, no obstante, debe tener límites y alcances, lineamientos, criterios de operación y, especialmente, monitoreo. ¿Quién vigila al que vigila? ¿Existiría un plazo para conservar la información recopilada? ¿Reproducirían esas imágenes en medios masivos de comunicación so pretexto de interés general?

El plan implica firmar un contrato por cinco años de servicio con la empresa Dahua, de China. Es decir, por lo que resta del sexenio. Y considerando que tardarían de seis a nueve meses en instalar los equipos, en 2020 iniciaría su funcionamiento que costaría, sin licitar, alrededor de 600 millones de pesos.

Así la seguridad acabaría convertida en un panóptico de Bentham –un lugar desde donde es posible verlo todo– y seríamos, pues, “el primer estado del país en acceder a esta nueva modalidad de vigilancia”. Una sociedad carcelaria. Pero lo anterior no es motivo de orgullo. Por el contrario, otra vez nos usarían de conejillo de indias. Como laboratorio. Lo hemos sido en el ámbito electoral, hacendario, ambiental y ahora también lo seríamos en seguridad.

CORTITA Y AL PIE

¿Usted se sentiría cómodo si un sujeto desconocido le observa desde un monitor vinculado a una cámara de videovigilancia cuando transita por la vía pública?

Para dimensionar lo frágil que resulta el llamado “sistema de videointeligencia”: si pasa varias veces por el mismo lugar (derecho al libre tránsito) le convertiría en sospechoso potencial. El aspecto físico (derecho a la personalidad) es otra variable a tomar en cuenta para desconfiar.

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS

No es ocioso recordar que ese camino, conduce a la represión política y social propia de regímenes totalitarios como el país asiático que vendería la tecnología. Seguridad aparente a cambio de vigilancia real es el punto de partida para la desaparición de la vida privada por exceso de transparencia. La negación de la personalidad. Un proceso de alienación de los individuos.

El Gran Hermano te vigila. Créame: no exagero.
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