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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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25 Diciembre 2018 04:07:00
El árbol y regalos no lo es todo
Durante estas semanas de diciembre fue muy común observar en diferentes calles alternas de ciudades del país, la venta de adornos navideños, así como de plantas como el musgo y heno que son componentes indispensables de los bosques par la captación de agua.

Otra de sus características son las condiciones especiales en donde estos pueden germinar es que sus condiciones climatológicas siempre se dan en bosques bien conservados, tal motivo por el que algunos grupos sociales consideran que su venta al público debe de ser prohibida.

En la entidad de Coahuila de Zaragoza, estos tipos de helechos no son prohibíos en épocas navideñas, aunque sí hay que señalar que la planta Gobernadora o Larrea Tridentata, sí lo está.

Son pequeños arbustos que sobreviven en el basto desierto de Coahuila, teniendo como características resistentes a la temporada de sequía y temperaturas extremas, pero más por ese olor que desprende cada vez que tiene contacto con el agua siendo fuerte pero muy agradable y que antes se vendía para diciembre para quienes ponían nacimiento en sus hogares.

Menciono todo lo anterior puesto que considero que tanto la vista, así como el olor son sentidos por el cual trae a la memoria ya sea buenos o malos recuerdos, siendo el primero que me trae a mi memoria.

Pasando el fervor de la tradicional Nochebuena celebrada la noche del 24 de diciembre, víspera del día de Navidad, es decir, al día de hoy en donde todos los niños son sorprendidos con la llegada de los regalos de Santa Claus y por otro lado también existen quienes celebran la llegada de juguetes hasta el Día de Reyes.

Pero sin importar los usos y costumbres sobre las épocas decembrinas; cualquiera que sea la tradición no deja de ser sobre todo tiempos de reflexión y religión en donde cada vez pasados los años es notorio observar que en muchas familias poco a poco se ha perdido su esencia de fe y creencias.

Es definitivo que el toque especial de reflexión y religión es la colocación de un nacimiento, que cada año se ven menos en las familias o en su defecto se van reduciendo de tamaño llegando a poner solamente al Niño Dios, José y María.

Son pocas aquellas familias que llegan a colocar un nacimiento grande tratando de representar cientos de pasajes bíblicos y aquellos de tamaño mediano intentan representar los quince principales: La creación del universo, la creación del hombre, cuando Dios crea a Adán, Caí y Abel, El Arca de Noé.

Tampoco podemos olvidar que hay quienes representan también dentro del nacimiento el sacrificio de Isaac, así como cuando Jesús es salvado de las aguas del Río Nilo, el portal de Belén, la anunciación, la visita a su prima Santa Isabel, cuando van pidiendo posada, cuando van empadronarse, la última cena, cuando Jesús es presentado en el templo, y el nacimiento del Niño Dios.

Todas esas viejas costumbres de hacer un nacimiento en los hogares se empiezan a perder conforme van pasando con las nuevas generaciones en donde solamente se va inculcando la llegada de la Navidad es cuando llega el Santa Claus, quien traerá consigo juguetes y regalos para todos en donde se tiene como resultado minimizando la importancia a la llegada del Niño Dios.

Con lo anterior no se trata de decir que las costumbres de Papá Noe estén peleadas con las del Niño Dios. Pero qué no inculcar el valor de la fe y la religión entre los miembros de una familia; o intentar continuar con la tradición de nuestros padres o inclusive desde los abuelos que iniciaron con un nacimiento chico que con el trascurrir del tiempo le fueron agregando año tras año nuevos pasajes bíblicos y todo con la intención de inculcar el valor de la unidad familiar y la fe religiosa.

Poca gente siente nostalgia de aquellos nacimientos grandes en donde había quienes incluían lagos artificiales y ríos con agua de verdad. Siempre era visitada aquella casa en donde el nacimiento era motivo de orgullo por su tamaño, motivo en donde se decidía que sería el lugar para hacer la posada, cenar los tamales con su champurrado y chocolate caliente, pero también era ahí el lugar donde se llevaban todos los Niños Dios de las familias para hacer la oración con motivo de su nacimiento.

Ahora tal pareciera que esa tradición se va perdiendo con los años al igual que los concursos de nacimientos en donde su competencia desleal han sido los juegos electrónicos con su gran variedad de videojuegos envolviendo a los niños en un mundo imaginario y fantasía en el que él es protagonista de una vida de adultos y violencia por que aquellos en los que se usan armas son los que ocupan el primer lugar.

Ya es muy raro escuchar a un niño o niña emocionarse porque van a poner el nacimiento, sino ahora es la importancia del árbol de navidad porque sabe que es ahí donde llegará Santa Claus a dejar los juguetes.

Es bueno que en vez en cuando asumamos el papel de padres no tan modernos sino a unos padres tradicionales para mantener vivo esta tradición que sirve para reafirmar la fe y reflexión para la unidad familiar; valor que cada vez se pierde entre tanta noticia de violencia motivada precisamente por eso.

Felicidades para esas pocas familias que aún conservan esa tradición de conservación de la fe religiosa recordando la unión familiar como la base de nuestra sociedad. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria “Antonio Estrada Salazar” 2018) http://www.intersip.org


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