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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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31 Diciembre 2017 04:00:00
El autoanálisis para mejorar
Los comienzos siempre son el pretexto justo para fijar metas y establecer propósitos. El Año Nuevo propone consigo la motivación para idealizar una versión mejorada de nosotros mismos: ir al gimnasio, empezar la dieta, salir de viaje, lo que sea. Ningún plan es pequeño cuando se trata de hacernos sentir bien. Por desgracia, hacer metas es sencillo pero realizarlas no tanto. Y muchas veces, todo se debe a la falta de planes.

El ajedrez nos enseña que tener un mal plan es mejor que no tener plan: perder el rumbo del plan significará perder la partida. Aun así, cada derrota es un nuevo comienzo y no aquel caótico punto final que se extiende sepultándolo todo. De cada juego (ganado o perdido) podemos aprender algo. El análisis de las propias partidas es una herramienta fundamental para detectar nuestros errores y subir de nivel.

Existe un sistema de notación específico para los jugadores de ajedrez, donde el tablero funge como un plano cartesiano de coordenadas en letras (x) y números (y) para ubicar cada pieza. Anotar las partidas sirve para su estudio posterior.

Volver sobre nuestro y analizar jugada a jugada sirve para identificar nuestros puntos débiles, además, –una vez que el nervio y tensión de la partida ha pasado– es más sencillo ver el error cometido y procurar no repetirlo la siguiente vez.

Una de las más gloriosas virtudes del ajedrez es que nos confronta de inmediato con nuestros errores o aciertos. No hay manera de culpar a nadie más que a nosotros mismos del resultado que hemos obtenido (por eso es fundamental enseñar a los niños desde pequeños a jugar ajedrez).

Cada año se repite la misma historia: los propósitos que se quedan en una lista y para marzo ya han sido olvidados. ¿Cuál es la falla de este plan?

Garry Kásparov propone que la vida imita al ajedrez, y que los conocimientos que aplicamos sobre el tablero deberíamos traspasarlos al día a día. Siendo así, tal vez fracasamos en los propósitos de Año Nuevo porque son metas que parten desde fuera y no desde el autoanálisis.

Una manera más efectiva de establecer metas realizables, puede ser, revisar qué cosas hicimos en 2017 que no quisiéramos repetir en 2018, y qué cosas nos gustaron y podríamos mejorar. Cualquier pequeño cambio será significativo, lo importante es no rendirse.

¡Feliz 2018! Y sigamos intentando.
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