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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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09 Abril 2017 04:00:00
El café nuestro de cada día
Pues al parecer la anterior columna gustó. Comentarios no faltaron, desde el de un nuevo lector al que sin importarle sus filias y las mías encontró en el café un punto de coincidencia; hasta el de una dama sensible en el mejor de los sentidos que remoqueteándome el adjetivo de falócrata por mi tuit citado en la misma, trajo como pretexto la posibilidad de una nueva amistad. Y no me extraña, hablar de algo tan universal como el café siempre trae adeptos a compartir las propias experiencias en torno a una humeante taza y, círculo virtuoso, invita a compartirlas con una más, y más, y más…

¿Qué evoca el café? ¿A qué felices ayeres nos transporta? ¿Qué presentes nos llena con su olor? ¿Qué futuros forja con sueños elaborados degustando sus tan variados sabores? Las respuestas, son tantas como tazas de café son servidas cada día. Y para cita, un ejemplo: mis días SIEMPRE inician con una taza de café y una sonrisa. Es por ello que ahora quise traerles algunos poemas encontrados aquí y allá, y que tienen, si no como su protagonista principal el grano que da vida a nuestras vidas, a su infusión como parte fundamental en cada texto de los que se ponen a su respetable consideración.

El café
Tengo tu mismo color
y tu misma procedencia.
Somos aroma y esencia,
y amargo es nuestro sabor.
Tú viajaste a Nueva York
con visa en Bab-el-Mandeb,
yo mi Trópico crucé
de Abisinia a las Antillas.
Soy como ustedes semillas.
Son un grano de café.
En los tiempos coloniales
tú me viste en la espesura
con mi liana a la cintura
y mis abóreos timbales.
Compañero de mis males,
yo mismo te trasplanté.
surgiste y yo progresé:
en los mejores hoteles
te dijeron ¡qué bien hueles!
Y yo asentí ¡uí, mesié!
Tú: de porcelana fina,
cigarro puro y cognac.
yo de smoking, yo de frac,
yo recibiendo propina.
Tú a la Bolsa, yo a la ruina;
tú subiste, yo bajé...
en los muelles te encontré,
vi que te echaban al mar
y ni lo pude evitar
ni a las aguas me arrojé.
Y conocimos al Peón
con su café carretero,
y hablando con el Obrero
recorrimos la nación.
Se habló de revolución
entre sorbos de café:
cogí el machete... dudé,
¡Tú me infundiste valor
y a sangre y fuego y sudor
mi libertad conquisté...!
Después vimos al Poeta:
lejano, meditabundo,
queriendo arreglar el mundo
con una sola cuarteta.
Yo, convertido en peseta,
hasta sus plantas rodé:
¡Qué ojos los que iluminé,
que trilogía formamos
los pobres que limosneamos
el Poeta y su café...!
Tengo tu mismo color
y tu misma procedencia,
somos aroma y esencia
y amargo es nuestro sabor...
¡Vamos hermanos, valor,
el café nos pide fe;
y Changó y Ochún y Agué
piden un grito que vibre
por nuestra América Libre,
¡Libre como su café!
Nicómedes Santa Cruz

Sábado cinco de septiembre
Me perdí en su mirada,
Es que el color de sus ojos
me encantaban;
no eran azules, ni verdes.
Eran color café
café que quita el sueño
café que produce desvelos.
SephyroHidane

XXVII
Ayer fui un café por sorpresa,
un paseo furtivo,
un sol entre las manos
y algún beso perdido en las esquinas.

Fui tus palabras, tu semana
en medio de huracanes
tu compromiso, tus enojos,
un reloj con el tiempo para amarte,
tus huellas en el barro,
las sombras que cubrieron el camino,
el aire que adivina el pensamiento,
fui un hombre perdido por la calle
y algo más que feliz en diez minutos.

Hoy soy
las horas que me faltan para verte,
una carta en la mesa
y el papel que recoge mis palabras,
soy un hombre a la espera de tu risa
y la ilusión profunda que me lleva
a respirarte a todas horas,
soy lo que soy porque te pienso,
soy tu mensaje de mañana,
un sueño en que tu voz era la mía
Y tu nombre bailándome en la boca
Pepe Viyuela

Café, café, café; café a todas horas; café siempre que nos trae y nos lleva personas. Café como diría Sabines: ¡Qué nostalgia de ti cuando no estás ausente! (Te invito a comer uvas esta tarde o a tomar café, si llueve, y a estar juntos siempre, siempre, hasta la noche.)
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