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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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02 Junio 2018 04:00:00
El cambio ¿hacia dónde?
En tiempos de elecciones se escucha de todo. Desde “ofertas” que no ofrecen nada nuevo hasta descalificaciones a todo lo que no le parezca al candidato en turno. Lo importante es hacer “ruido” y creer que solo con un cambio estará la solución a todos los problemas que nos aquejan a los ciudadanos.

Es precisamente en los discursos que los candidatos -pretendiendo sumar simpatías- hacen referencia a la corrupción. Prometen acabar con ella. ¿Así de fácil? Me pregunto. ¿Cómo le harán? La oferta es buena como propósito o discurso de campaña, pero hasta ahí.

En parte coincido en que un cambio es necesario ya; es urgentísimo retomar el rumbo de este México nuestro que se encuentra inmerso en un mar de corruptelas y deshonestidades.

Escuchar las noticias, darnos cuenta de cómo viven aquellos traidores que se valieron de un cargo o una encomienda para enriquecerse, sin detenerse a pensar en el daño que con su actuación hacían a su ciudad, a su estado, al mismo país, nos causa un sentimiento de legítimo malestar.

¿Cómo pudieron tener la sangre fría para cometer un crimen tan aberrante? Cualquiera con un poco de sentido común más que de inteligencia se daría cuenta que robar los recursos destinados a proporcionar tratamientos a pacientes con cáncer, por ejemplo, causaría un daño irreversible en los enfermos, muchos de ellos niños, a quienes se les estaba condenando a un atraso terrible en su padecimiento.

Sí, la corrupción es algo real que no se puede ocultar por más que se quiera o deseen los políticos que han abusado de los cargos y del poder.

La forma en que han manejado y desviado los recursos para su beneficio personal es verdaderamente insultante y no se debe seguir permitiendo.

La corrupción sería menor si existiera un castigo ejemplar para los responsables de los saqueos y abusos. Lamentablemente las leyes parecerían estar hechas desde los Congresos para la protección de delincuentes y no para castigarlos. La justicia va en tortuga y se llama: impunidad.

En alguna ocasión alguien mandó a “volar” a las instituciones. Al hacerlo, sin duda estaba manifestando su rechazo a ellas, su falta de respeto y credibilidad.

La frase: “Al diablo las instituciones”, me hace pensar en una persona que no cree en ellas, aunque me pregunto ¿Por qué? ¿Qué razones existen para no confiar?

Las instituciones son órganos constitucionales que se crean para un fin determinado. Por lo tanto, son confiables.

La desconfianza, en todo caso, debería dirigirse hacia quienes manejan las dependencias u organismos y hasta se atreven a apoderarse de ellas. Ahí tenemos el caso del Sindicato de Maestros. Las negociaciones de su líder, la convirtió en poderosa, en millonaria, protegida por sus agremiados y por el gobierno a quien servía dándole su apoyo incondicional.

Otro caso es el de PEMEX. ¿Se han ofrecido buenas cuentas? Seguramente no. Y no es nuevo.

Las verdades se ocultan, por más transparencia que se pregone. ¿Corruptelas? ¡Por supuesto que las hay! ¡Impunidad! También. Ese ha sido el elemento principal para que la corrupción no se termine: la impunidad.

Lo saben los políticos; quienes integran los Congresos, el Presidente, quienes son miembros de grupos políticos, el mismo pueblo que no se equivoca en sus apreciaciones. La corrupción en nuestro país no es ninguna novedad; menos aún para utilizarla como bandera política.

Los “acuerdos en lo obscurito”; el hacerse de la “vista gorda”; asignarse sueldos, dietas, participaciones o retiros más que suficientes, insultantes, forman parte de la gran lista de abusos que se cometen cuando están en posiciones privilegiadas. Elevan los presupuestos para poder manejarlos a su favor. ¿Acaso no es corrupción?¿Acaso no lo es también aferrarse a cargos solo como “cuotas” de partidos? Es decir, las representaciones plurinominales que no se obtienen mediante el voto de los electores sino que se asignan en los partidos. A eso, le llaman democracia, por supuesto. Dirán que son legales pero ¿quién vota realmente por ellos, por los pluris? ¿Quién, por los regidores?
En lo personal yo sí creo que es necesario un cambio, pero de actitudes, de forma de pensar. El verdadero cambio no van a ofrecerlo los partidos políticos o candidato alguno enarbolando la bandera de la honestidad en campaña.

El verdadero cambio está en cada uno de nosotros; en nuestro comportamiento.

Además, cómo pretender acabar con la corrupción, la inseguridad y la violencia que van estrechamente ligadas, si hay quien pretende dar amnistía a los delincuentes. ¿Acaso quienes han saqueado al país no son delincuentes?
¿Cuál cambio? ¿Hacia dónde? Son preguntas que cada uno debería analizar y responder.

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