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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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18 Junio 2017 04:00:00
El cambio
Cuando un gobierno padece las consecuencias de los errores cometidos en su administración y en su política, los ciudadanos exigen un cambio. Pero todo cambio, en sí, exige agallas: Una enorme determinación de los que desean llevarlo a cabo. Muchas personas lo desean, pero no están dispuestas a soportar los grandes compromisos que deben precederlo.

Cuando la renovación de un país requiere un cambio de actitud y de conducta de todos sus ciudadanos, es necesaria una cuidadosa planeación para lograr el éxito. Es indispensable un número suficiente de personas que estén realmente convencidas de que es necesario el cambio, y que el cambio es posible. Nuestra patria es como una inmensa águila dormida, con miles de posibilidades, que es urgente despertar para enseñarla a volar. Si nuestro país es rico en leche y miel ¿por qué la pobreza de millones de mexicanos?
La renovación de una nación comienza nutriendo la mente de sus habitantes con datos que fomenten una estructura de pensamiento basada en la justicia social y el bien común. Las ideas hacen vibrar lo más profundo de la mente y del corazón de las personas. Así nace el orgullo de patria, el compromiso de hacer algo por ella, las oportunidades de mejorar las condiciones de vida, la voluntad de sostenerse sobre los propios pies para no tener la necesidad de extender la mano para pedir.

La dificultad de la tarea no importa, es inmaterial. Lo que importa es estar convencidos de que es posible llegar a la meta. Esta actitud de lucha produce el clima propicio para el cambio: Conserva lo que se debe conservar, cambia lo que se debe cambiar. Y conocer la diferencia. El compromiso de enfrentar las dificultades que el cambio exige es enorme: Sudor y lágrimas.

¿Cómo lograr que dentro y fuera del gobierno haya personas realmente convencidas de que para sobrevivir como nación independiente es necesario el cambio?
¿Cómo lograr la participación de más personas que se interesen en el bienestar social?

¿Cómo determinar con exactitud qué se quiere cambiar, por qué, cómo, cuándo y dónde?

La diferencia en alcanzar el éxito o el fracaso está en que cuando fracasamos, fijamos toda nuestra atención en los obstáculos, y cuando triunfamos, toda nuestra atención, energía y entusiasmo se canaliza a lograr el objetivo. Cuando concentramos nuestra atención en los obstáculos, definitivamente no vamos a triunfar.

Esta lluvia de ideas va penetrando poco a poco hasta llegar a tocar las fibras más profundas de la mente y del corazón de los ciudadanos: una revolución pacífica, una revolución interior en el sistema de pensamiento que se inicie en los hogares, en las aulas, en las organizaciones, en las instituciones, arropados con un gobierno legalmente elegido. Así, unidos, nace la voluntad de sostenerse sobre los propios pies para enfrentar las vicisitudes que estamos viviendo como nación.

Para ser una nación libre, educada y productiva, México necesita un cambio planificado en todas sus estructuras y eso sólo se puede lograr transformando conciencias y corazones. La disposición a cambiar se convierte gradualmente en característica de los individuos, organizaciones y de las naciones. No añoran el siglo de oro del pasado, sino que sueñan y trabajan por una utopía en el porvenir. Son partidarios de las innovaciones, pero sólo después de haber probado su valor. Conservan lo que deben conservar, y están decididos a cambiar lo que es indispensable cambiar.

Es difícil lograr que todos los ciudadanos participen en el cambio porque éste requiere un acuerdo común en determinar qué se debe cambiar, por qué, cómo, y por dónde empezar.

¿Empezaremos por el respeto al voto
ciudadano?

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