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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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23 Febrero 2014 05:11:56
‘El Chapo’, el símbolo
La captura del símbolo más acabado de la delincuencia organizada en México, el hecho de que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera se encuentre en el Penal de Máxima Seguridad del Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México, es sin duda un éxito, y en mayúsculas, de la estrategia implementada por la administración de Peña Nieto en eso del combate al narco. No se le puede escatimar ni un ápice, a lo que de suyo representa el golpe más fuerte asestado a la estructura delincuencial en la última década, pero más allá de eso la prudencia aconseja no echar campanas a vuelo ni suponer cambios sustanciales en el entramado profundo de lo que hoy es el país.

Hoy sabemos que “El Chapo” estaba literalmente cercado desde el jueves 13, que los buscaban hasta en las alcantarillas de Culiacán y Mazatlan, que en alguna ocasión el tener una puerta reforzada con acero impidió su captura en días pasados y que en otra oportunidad, los altos mandos de la Marina decidieron no proceder en su contra por el alto riesgo de daños colaterales. Hoy sabemos que la captura fue un golpe quirúrgico, que no se disparó un sólo tiro, que “ayudó”
con trabajo de inteligencia la DEA y que se le decomisaron armas, ranchos, casas y autos… realmente poca cosa si se toma en cuenta que se trata del narcotraficante más buscado en el mundo y al que la revista “Forbes” atribuye una fortuna superior a los mil millones de dólares.

¿Qué va a pasar con el cártel de Sinaloa? Bueno, pues ahí siguen capos importantes como Ismael “El Mayo” Zambada -al que expertos atribuyen el nuevo liderazgo-, y Juan José “El Azul” Esparragoza, eso sin contar a los propios hijos de “El Chapo”.

El cártel seguirá funcionando como tal, como una organización delincuencial bien afinada, poderosa y diseminada en prácticamente todo el país, que tal vez entre en conflicto con otros cárteles que intenten aprovechar la coyuntura para arrebatarles un pedazo del territorio que dominan, pero de la que no se espera (según expertos como Eduardo Guerrero) entre en una etapa de guerras intestinas por aquello de los relevos a nivel lugartenientes que implica el cambio de liderazgo.

Con todo, el que el ejemplo vivo de nivel de impunidad que permea en el país, esa bofetada al sistema de procuración de justicia que significó desde su fuga en el 2001, se encuentre ya tras las rejas es un éxito de una estrategia contra la delincuencia organizada que demostró en los hechos ser sustancialmente distinta y más efectiva que la implementada por Felipe Calderón. Pero nada más.

El país sigue inmerso en una complicada, muy arraigada y diseminada red en la que poderes fácticos directamente vinculados con la delincuencia organizada hacen y deshacen en gran parte del territorio nacional.

Es un paso sólido, sin duda, un avance, pero falta mucho aún por recorrer para alcanzar a ver la luz al final de este largo y sinuoso túnel por el que caminamos los mexicanos.
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