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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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26 Febrero 2017 04:15:00
El chico del Metro en la Ciudad de México
Queridos amigos: ya estamos por terminar el mes de febrero, un mes muy lindo porque se respira mucho amor, flores y mensajes muy bellos, sigamos así, llenos de amor para dar. Espero en Dios que todo vaya bien por sus hogares.

Pues hoy les quiero compartir una vivencia que tuve en una de mis primeras subidas al metro en la bella Ciudad de México. Iba yo a una certificación de Coaching en Programación Neurolingü.stica, acompañada de mi gran y querido amigo Roberto, un gran ser humano, que amablemente me invitó, pues él también lo tomaría.

Así que día a día salíamos muy temprano, con las interminables filas por el tráfico de terror de esta gran ciudad, a veces tardábamos en llegar hasta una hora y media, o más a nuestro destino.

Así que en ocasiones mejor nos íbamos en el Metro, pues llegábamos en 45 minutos y caminábamos un poco, lo cual nada mal nos caía y la verdad me encantaba.

Ya estando arriba del Metro, quedé frente a un par de chicos de aproximadamente 15 o 16 años. La travesía duró como 20 minutos. Y bueno, la verdad fue inevitable no escuchar su conversación.

Uno de ellos le platicaba a su amigo, que estaba muy contento de que vería a su hermana, la única que tenía y que casi no veía, pues se lo habían prohibido sus papás, vivió con ella un tiempo en otra casa, pues al parecer le quedaba la escuela más cerca, según recuerdo.

Ella sale embarazada, sus papás no la apoyaron y le prohibieron a su hermano verla porque sería un mal ejemplo para él.

Este chico comentaba que le entristecía mucho no verla, ya que cuando vivó con ella le enseñó muchas cosas que ahora a él le servían mucho, como por ejemplo la lectura, decía que le encantaba leer y eso le permitía viajar con la imaginación a donde él quisiera, ya que no tenían recursos económicos suficientes para viajar.

Que le debía mucho, que era una excelente hermana, decía, “si supieran mis padres lo bien que me hace verla, todo lo bueno que me enseña, el ejemplo que es para mí, pues lucha día a día ella para sacar adelante a mi sobrinita, y aun así me ayuda con lo que puede”, pero lo más bello –le decía a su amigo– era que le había enseñado el amor a la lectura, que ahora quería ser escritor.

Cuando escuché eso no me pude contener y meter mi cuchara, y le dije “qué bendición que la tengas, hazte un favor, empieza a escribir lo que te venga a la mente, tus vivencias, pensamientos, en fin, empieza a deslizar tu mano con historias, segura estoy que algún día leeré tus libros. Ve tras ese sueño y felicítame a tu hermana por hacer de ti un soñador y buen muchacho”, se veía que lo era.

Recordaba yo en esos momentos a mis queridas hermanas Mirna y Elba, que me enseñaron tantas cosas. Elba era la segunda siempre la hizo de mamá conmigo, compartíamos el cuarto, me enseñó a tender mi cama, a doblar mi ropa, a ser ordenada –eso no se me dio mucho, hasta después de casada.

Elba guardaba un cuaderno que me encantaba. Tenía un vagabundo que ella dibujó en la portada (era mi tesoro) está precioso, aún lo tiene, ojalá me lo herede. Escribía en él frases, pensamientos, proverbios, que yo leía encantada, e iba haciendo lo mismo, trataba de ser como ella.

Somos muy distintas, Mirna mi hermana mayor ya se había ido a estudiar a Monterrey, yo tendría 8 años apenas y cuando yo iba a Monterrey a visitar a mi abuelita y a ella, me llevaba a sus clases en la Universidad, aprendí mucho.

Recuerdo que todas sus amigas me apapachaban, ahora después de años nos contactamos por Facebook.

Mirna hizo su vida allá igual que Elba unos años después, dejándome con esa herencia de las bellas vivencias, aprendizajes y ejemplos a seguir, ¡muchas gracias!

Siempre quise tener tres hijas, para llamarlas como nosotras tres, quería que fueran como nosotras, era mi sueño, que DIOS me hizo realidad tener tres bellas hijas.

A seguir siendo buenos ejemplos, benditos sean las hermanas y hermanos, sean de sangre o del alma.

Un abrazo fraterno amigos queridos, su amiga Vero. ¡Hasta la próxima!

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