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Teresa Guajardo Berlanga
Teresa Guajardo Berlanga
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16 Agosto 2017 04:00:00
El Círculo: ¿hasta dónde es apropiado, ético y pertinente?
En días pasados, se estrenó una película denominada El Círculo, la cual aborda un tema por demás en boga de la mayor parte de los países del planeta. Refiere a una aplicación o herramienta cibernética, la cual conjunta en una sola plataforma todo lo referente a redes sociales, tales como informativas, de comunicación, de esparcimiento, pero sobre todo, la interacción de esta plataforma con la parte socioafectiva y hasta cierto punto determinante de la aceptación social de las personas, derivada de qué tanto compartes y publicas en las redes y qué tipo de información es la que atrapa al tan curioso ser humano y por naturaleza gustoso de saber sobre los demás.

Bien sabemos que existen las hambres básicas del ser humano, entre ellas las de aceptación y de pertenencia; describen esa necesidad de sentirse tomado en cuenta, aceptado y que sepan de uno mismo. Para lo anterior, entre más interactúes, publiques estados de ánimo, sentimientos, e incluso transmitas videos en vivo, y desde luego, entre más curiosidad genere, te hará tener más adeptos o seguidores, y es esa cantidad de seguidores precisamente la que marca tu aparente aceptación y popularidad.

Ahora bien, ¿hasta dónde es permisible esta intromisión a las vidas particulares? La producción cinematográfica propone, entre otras cosas, que una de sus empleadas porte una videocámara y transmita en línea en todo momento, incluso durante la noche, y teniendo privacidad tan solo de escasos minutos para hacer uso del baño. En principio, parece simpático y genera gran atracción, sin embargo se torna una pesadilla en el momento en que se da cuenta de que no existe la más mínima privacidad, ni siquiera en sus temas personales o íntimos. Se torna invasivo e incómodo, inclusive te obliga a hacer cosas en contra de tus convicciones o principios, ocasionando en esta producción fílmica la muerte de un ser querido que se sintió claramente invadido y acosado por las redes. ¿Realmente valió la pena perder amistades y lazos familiares por ese experimento, en búsqueda de popularidad en las redes? ¿Con qué sentido permitimos ser manipulados de manera tal que, seamos exhibidos ante la comunidad, y que nos llevemos de encuentro (consciente o inconscientemente) a nuestros seres queridos?

La ética y la doble moral se hacen presentes, donde los fines de lucro de los propietarios de esta plataforma cibernética, ávidos de riqueza, no ponen el mas mínimo recato en sobrepasar los límites de la confidencialidad y de la privacidad, con ello lo permisible no le dejan ningún límite ética, personal ni socialmente aceptable.

Estimado lector, el uso de las redes sociales puede fácilmente hacer crecer nuestra aceptación, al menos cibernéticamente, pero en la otra cara de la moneda, pueden de igual manera, o mucho más rápido inclusive, acabar con la vida personal o profesional de cualquier individuo.

Debemos ser muy cuidadosos con lo que publicamos y con la manera en que queremos ser percibidos. Seamos auténticos, sin rayar en la banalidad ni en la falacia de algo que no somos o que no podremos controlar. Es nuestro derecho la privacidad de nuestras vidas personales, y debiéramos razonar muy bien el cómo lo ejercemos. No permitas que lo efímero acabe con tu integridad; tú tienes el poder de decidir. ¿Hasta dónde es permisible?
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