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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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06 Septiembre 2017 03:13:00
El corazón de México
Los mexicanos tenemos horror al vacío. La primera vez que pisé el Zócalo me sentí en el centro del mundo. Extrañamente no había feria ni exposición, sólo cientos de personas que como yo, caminaban. Era un mediodía de verano y el sol nos seguía en silencio con su mirada de fuego. Tenía 18 años y era mi primer viaje solo a la Ciudad de México. Ese día, miré por primerea vez con detalle el Portal de Mercaderes, Palacio Nacional y el Ayuntamiento. Me maravilló la catedral, la cual estuvo casi 250 años en construcción.

La Plaza de la Constitución, llamada así a honras de la constitución de Cádiz, promulgada en 1812, pero conocida simplemente como Zócalo, por el basamento que se le puso al centro para eregir una columna de la independencia, proyecto que planeo el presidente Antonio López de Santa Anna, ha sido el centro neurálgico de nuestros antepasados aztecas, de las pompas virreinales y punto de quiebre de nuestra política contemporánea.

El Zócalo, patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO, es una de las cinco plazas más grandes del mundo. Comparada en belleza con la plaza de San Marcos de Venecia, sólo superada en tamaño por la Plaza Roja de Moscú y Tiananmén de Pekin, el Zócalo, hace unos días fue reabierto al público por el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, luego de cuatro meses de restauración.

Conocida también como Plaza de Armas y Plaza Mayor, a lo largo de casi 500 años ha tenido tantos rostros: jardines, árboles, kiosko, fuentes y enrejado, una estación de tranvía y estatua ecuestre de Carlos IV. Cada vez más austera, nuestra Plaza del Palacio tuvo en sus entrañas, por más de 200 años, la Piedra del Sol, hallada en otra remodelación ordenada por el virrey Revillagigedo en 1790. El también conocido como Calendario Azteca, durante 100 años estuvo exhibido en el atrio de catedral.

Fue hace 60 años la última vez que el Zócalo tuvo una reparación mayor, con el sempiterno Jefe de Gobierno Ernesto P. Uruchurtu, reforma en la que adquirió su estado actual: plancha de concreto con sólo un asta bandera en el centro. El Zócalo, que llegó a tener hasta 5 mil 300 baches, ahora luce concreto hidráulico busardeado, algo así como cantera, además de antiderrapante y sellador anti manchas, leyó usted bien, manchas, no marchas.

En la plancha ya se instalaron, estratégicamente, 56 puntos de anclaje para evitar nuevas perforaciones. Tiene guía tactil para ciegos y rampas para sillas de ruedas y diablitos. Se amplió su páramo 10%, alcanzando los 22 mil metros cuadrados.

El Zócalo, que ha contenido a más de 100 mil personas en conciertos y acarreos se ha convertido también en el mayor tianguis del país. Los mexicanos tememos tanto a la nada que, durante todo el año, excepto el 16 de septiembre y el 20 de noviembre, lo sembramos de expos, ferias, pista de hielo. No ha habido otro día en el que pueda estar bajo la gran bandera y me sienta en el corazón de México.

Aún con piso nuevo de 150 millones de pesos, al día siguiente de su reapertura, la Plaza de la Constitución, faltando a su vocación de libre tránsito, lució carpas monumentales que cubrieron el vacío, para que nadie puede ver más allá de un palmo de narices.

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