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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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30 Octubre 2018 04:00:00
El costo de la corrupción en México
La palabra corrupción tiene su origen etimológico en cum rumpo, concretado en el verbo latino corrumpo, que significa destruir, acabar, romper, echar a perder o alterar.

La palabra corrupción hace alusión a la degradación de algo o de alguien, porque con la palabra corrupción algo se malogra, se pudre, se daña, se pierde como consecuencia de una alteración de la realidad que no concuerda con el deber ser.

La historia de México ha estado marcada por circunstancias que evidencian la existencia permanente del fenómeno de la corrupción; es más, con un poco de lectura a la historia de nuestro país, este fenómeno ha existido desde épocas coloniales.

La corrupción invade todos nuestros ámbitos: el pago a un funcionario para la agilización rápida de una gestión, la dádiva a un policía municipal para que no nos imponga una multa, el uso de la influencia personal para obtener ventajas laborales, la utilización del erario para enriquecerse -este es el que provoca más escozor hoy en día-… la corrupción se vive y se respira hasta en los más minúsculos acontecimientos.

La corrupción existe en todos los ámbitos, en todos los estratos sociales y en todas las actividades.

¿Porqué hay gobiernos corruptos?; al ser nosotros corruptos afectamos a otro interés particular, y al ser un gobierno corrupto, daña a los bienes públicos, a la cosa pública, pero visto desde otro ángulo, la corrupción siempre es perjudicial al interés general, puesto que la pequeña corrupción también incide negativamente en los comportamientos que conforman lo cultural de una sociedad y, en consecuencia, esas manifestaciones privadas de corrupción trascienden por la vía de la repetición del hábito a todas las esferas sociales.

La corrupción de los individuos y de las instituciones se da cuando los sujetos que participan en ellas no las aprecian en sí mismas, muy probablemente porque no valoran el bien interno que con ellas se persigue, que es el que les confiere sentido y legitimidad social y, al actuar así, los sujetos las realizan pensando en conseguir por medio de estas actividades, bienes externos, traducidos en ventajas económicas, sociales y en poder.

Cualquier actividad haciéndola así, acaba perdiendo legitimidad social y con ella toda
credibilidad.

Vale la pena destinar algo de tiempo a pensar sobre nuestra cadena de valores axiológicos, ya que somos nosotros como sociedad los únicos que podemos frenar a la corrupción. Además, tenemos el poder de agilizar nuestro propio desarrollo a fin de lograr un progreso en igualdad y con oportunidades para todos.
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