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09 Abril 2018 04:00:00
El CPTPP no funciona sin política industrial
Por: Rodrigo Alpízar Vallejo

Los ejes conceptuales de las políticas nacionales están cambiando en el capitalismo contemporáneo, y sucede por la incapacidad del modelo económico de generar inclusión, movilidad social y prosperidad para todos. El retorno a la ideología nacionalista y sus instrumentos tradicionales de política como el proteccionismo, la sustitución de importaciones, el control de cambios y la fuerte presencia del Gobierno en el desempeño económico, simplemente son irrepetibles y lo que observamos en realidad es una nueva generación de estrategias nacionalistas y geopolíticas.

No es casual que estemos frente a los neonacionalismos separatistas europeos, o las confrontaciones en el mundo árabe, o que aquí en América del Norte contemos con las políticas de Donald Trump, quien sincroniza su agenda con asuntos globales para lograr más republicanos en el Congreso, así como más apoyo de su base electoral para radicalizar posturas y, mediante la retórica, mover mercados, además de la opinión pública.

El neonacionalismo nace entonces como una respuesta reactiva a la desigualdad y el crecimiento de la pobreza en el mundo desarrollado, un neopopulismo que exacerba la deficiencia y corrupción de la clase política y que postula un pragmatismo que pone en jaque a instituciones globales. El libre comercio viene a cuento ante este ostracismo, dado que será a través de acuerdos de bloque, tratados comerciales y estrategias bilaterales que se podrá capitalizar una estructura de mercados abiertos, pero siempre acompañados de políticas industriales que disminuyan las asimetrías económicas y consideren las distorsiones nocivas que genera la competencia desleal.

El nuevo CPTPP que incluye a Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam tiene como principio “contribuir al crecimiento económico y crear nuevas oportunidades para empresas, trabajadores, agricultores y consumidores”.

Primero habría que entender que la Secretaría de Economía siempre señaló que la única razón por la que habría que entrar al TPP original era por ser una estrategia para no ceder más nuestros espacios comerciales con el mercado norteamericano, donde habrían de entrar 10 jugadores más a disputarse el mismo jugoso mercado.

Y recientemente, que Canadá logró resolver sus diferencias con Japón y se reactivó ahora bajo el nombre de CPTPP, que se plantea como un mecanismo de presión geopolítico estratégico, lo cual dudo que influya en el ánimo del presidente Trump y lo que hoy puede ser una modesta palanca de apoyo político para negociar, mañana se puede convertir en el plan B para desmantelar y deteriorar sectores productivos estratégicos.

Otro tema fundamental es entender que la oportunidad que nos representan esos países para vender productos es insignificante y no porque sean mercados pequeños sino más bien porque son mercados muy integrados regionalmente y el país dominante sobre todos ellos es China, así que las ventajas de la materia prima barata, los subsidios al financiamiento, a la energía, a las exportaciones, la política intervencionista de empresas de Estado o las barreras de protección de sus mercados estratégicos ahora se usan como base para complementarse con el bajo costo de mano de obra vietnamita para atentar contra la industria del calzado, textil y vestido, que ya llevan muchos tratando de defenderse de este país sin tratado comercial.

O el potencial de las industrias de Malasia como el sector de insumos para la salud y equipos de diagnóstico, que con sus grandes productores de látex habrán de poner contra las cuerdas a una industria de dispositivos médicos nacional que va en ascenso, o los modernos sistemas de producción de la industria petroquímica de Singapur, donde la tasa de Impuesto Sobre la Renta es de 0 a 20%, lo que será un factor para desincentivar las inversiones en productos petroquímicos, como aromáticos y plásticos que en los últimos años han abonado a la desindustrialización de nuestro país.

Podríamos seguir hablando de cientos de sectores como el mueblero -particularmente de ratán y recreativos-; de autopartes, la remanufactura de productos asiáticos triangulados a través de países con mano de obra en condiciones esclavizantes y exportados por los países del TPP; el lácteo frente a los países de Oceanía, ente otros. Seguramente, como en todo tratado, pueden encontrarse modestos nichos de mercado como la ampliación del comercio de productos agroindustriales particularmente con Japón, sin embargo este poderoso sector no depende de ello para su supervivencia y seguirá creciendo en muchos otros mercados como los países árabes y Europa.

Si México no ha podido detener el avance de China frente a países con los que tenemos tratados, entonces este acuerdo lo único que habrá de provocar es empeorar nuestra balanza comercial e incrementar nuestro déficit frente a Asia. En todos los instrumentos comerciales actualizados o revitalizados aparece el tema de derechos humanos y responsabilidad social, el comercio electrónico, el desarrollo de las Pymes y las telecomunicaciones, una nueva dimensión de la propiedad intelectual y un papel preponderante de la cooperación entre países para la protección de inversiones, el fortalecimiento del estado de derecho y la coherencia regulatoria, acuerdos aduaneros específicos y desgravaciones arancelarias progresivas y agresivas, que por lo menos en el caso de México afectan a dos terceras partes de las fracciones arancelarias en el CPTPP.

El libre comercio no funciona sin política industrial, eso lo conocen los países asiáticos y por ello han complementado su política de apertura con el desarrollo de la industria orientado a la recuperación del empleo mediante el retorno de inversiones, incentivos agresivos, desregulación sectorial y, más recientemente, la protección arancelaria para modificar las condiciones de la competencia, reestructurar los mercados, favorecer la inversión y producción doméstica financiando sus exportaciones y transfiriendo grandes recursos en investigación y desarrollo del Estado hacia intereses estratégicos de los sectores industriales de avanzada. Determinan una agenda y sendos presupuestos para la normalización, preparan a sus aduanas para disminuir la porosidad y cuidan e impulsan a su industria de manera prioritaria y permanente. 

En este contexto, el libre comercio sólo se podrá reconfigurar en función del fortalecimiento del mercado interno, el refuerzo de las oportunidades para las subregiones del país y la reconstrucción de las cadenas productivas que se han fragmentado ante décadas de austeridad, corrupción y bajo crecimiento.

El gran reto está en que los senadores que encabezan algunas de las comisiones que estudiarán y en su caso aprobarán dicho tratado, como Teófilo Torres Corzo, Héctor Larios Córdova, Fidel Demédicis Hidalgo, Manuel Cavazos Lerma, Isidro Pedraza Chávez y Manuel Humberto Cota Jiménez, entre otros, asuman con nacionalismo y responsabilidad el análisis de estos temas económicos que desgraciadamente a veces caen en una agenda de acuerdos de la partidocracia y los foros se convierten en simples simulaciones para agotar el derecho de audiencia y luego cumplir sus acuerdos políticos sin importar las consecuencias.

Amigos senadores: ustedes nos representan a los mexicanos y en este tema deben de defender a la industria nacional; a ustedes los elegimos y con nuestros impuestos pagamos sus sueldos y probablemente los seguiremos pagando si es que deciden seguir en una posición que dependa del presupuesto.

Hoy les exigimos que velen por nosotros porque aunque ustedes ya se vayan nosotros nos quedaremos a seguir generando y distribuyendo la riqueza de nuestro país. MÉXICO requiere de su inteligencia, congruencia y que atiendan a su conciencia.
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