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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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19 Abril 2015 04:08:05
El crujir de dientes
“Uno sale para buscar y encontrar, y le da dolor a uno encontrar lo a veces aparece. Esta vez encontramos un lugar de muerte, porque había restos óseos, como que las personas fueron quemadas, están en fragmentos muy pequeños”, contó a quien esto escribe Silvia Elida Ortiz Solís, madre de Silvia Stephanie Sánchez Viesca Ortiz, Fanny, desaparecida desde el 5 de noviembre de 2004, cuando tenía 16 años de edad.

Cada sábado, la profesora de Secundaria va a la cabeza de 15 o 20 padres, madres, hermanos e hijos de personas desaparecidas en Torreón y otros municipios de la Comarca Lagunera que en enero de este año emprendieron por su cuenta la búsqueda ante la inacción o desinterés de las autoridades para encontrar a sus familiares.

La brigadas de búsqueda de Grupo Vida (Víctimas por sus Derechos en Acción) han tenido éxito en su intento por hacer el trabajo de las autoridades. En sus recorridos por el desierto, brechas, ejidos, rancherías y lechos de ríos y arroyos de la Laguna, primero encontraron el cadáver de una mujer que tenía reporte de desaparición, luego tres cráneos humanos, y el último fin de semana dieron con un sitio donde los narcotraficantes fusilaban y desaparecían a sus víctimas.

“Nos hablaron, nos indicaron un punto, fuimos al lugar; ahí una persona nos dio más indicaciones, fuimos más para adentro y encontramos unas tapias desechas, era la Estación Claudio, municipio de Viesca. Había pequeñas construcciones totalmente destruidas. Encontramos donde era la caseta de la Estación, deshecha, y una serie de impactos (de bala) en las paredes y tres áreas de más o menos cuatro metros cuadrados, donde se ve claramente que fueron calcinadas personas. Lo afirmo porque fue la Policía Científica a recoger los restos y ellos dicen que sí son restos humanos.

“Creo que ahí fue un lugar de tortura, no podría especificar a ciencia cierta qué tantas cosas hacían. Encontramos alambres, como torniquetes, ropa, muchos casquillos, lo que indica que era como un área de tortura. La mayoría de los lugares a donde hemos asistido se llega por brechas, por espacios que están en la nada (…) es la barbarie, el crujir de dientes”.

Pero también, finalmente, la labor de la maestra Silvia y de quienes la acompañan, es el trabajo que las autoridades deben hacer y por mil razones lo evitan. En el gobierno, las dependencias encargadas de buscar a las mujeres y hombres desaparecidos, y atender a las familias de las víctimas esperan que las denuncias y los reportes de desaparición estén acompañadas de evidencias, de lo contrario, el expediente quedará en un cajón del archivo.

A Silvia, y a muchas otras madres de personas desaparecidas, las mueve la desesperación, la esperanza de encontrar, aunque muchas veces -la mayoría- se topen con situaciones que ni se imaginan. En el gobierno hay recursos que se destinan a la capacitación de expertos en el tema de personas desaparecidas, pero lo que no han podido lograr es el sentido de la empatía con las víctimas.

El ejemplo de Grupo Vida es digno de seguir, especialmente para quienes tienen obligación de buscar a los miles de desaparecidos.

@FiliasyFobias

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