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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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17 Junio 2017 04:00:00
El daño está hecho
Las elecciones celebradas recientemente han dejado una experiencia nada agradable por cierto. La inconformidad por los resultados se ha manifestado desde que se dieran a conocer las cifras que favorecían al PRI, como si la consigna fuera solamente restarle al tricolor la credibilidad que aún le queda.

Cada partido político eligió a quien habría de representarlo en la contienda electoral. Se supone que quien aspire a un cargo de elección popular debe ser alguien con antecedentes de trabajo; un ciudadano responsable, respetable, algo que lamentablemente no están ofreciendo los partidos políticos.

Al imponer a personas cuyos antecedentes provocan dudas, van a tratar de asegurar el triunfo por la vía que sea.

Se cuestiona siempre el derroche de un solo grupo político. Sin embargo, todos lo hacen ¿O no? Lo más triste es que esas prácticas deshonestas y mezquinas van en contra de las instituciones y de los ciudadanos.

A las instituciones les va restando credibilidad, confianza, algo tan necesitado en estos momentos de incertidumbre. Apenas empieza la contienda y ya se está cuestionando la actuación de los encargados del desarrollo del proceso electoral. Autoridades que NO deben estar sometidas a la voluntad ni de un gobernante –del nivel que sea- menos aún a la de determinado grupo político.

Inconformidades las hay y las habrá, sobre todo a la hora de que se elige al candidato. Resulta toda una faramalla la asamblea a la que son convocados los delegados. No hay más que ir a dar su voto por el que el “gran jefe” ha dado el Visto Bueno, así de sencillo.

Claro que se hace todo un espectáculo para hacer creer que todo es de común acuerdo; que todos los militantes –del partido que sea- eligen “democráticamente” a sus candidatos.

Esto no se puede ocultar, se ha observado que cuando no existe la apertura dentro de los partidos políticos para permitir que haya más contendientes en la interna y de manera “unánime” se van por el “dedazo”, se provoca una división que termina en
deserción.

Aunque una cosa es la deserción por inconformidad para hacer valer sus derechos de contender y otra la traición.

Esta se da cuando por “debajo del agua” un individuo que se ha beneficiado con diversos cargos, ofrece sus servicios en otro bando, radicalmente opuesto a los principios que rigen al partido que lo cobijó.

Alguien que traiciona de esa manera a su grupo ¿Puede ser confiable? ¡Por supuesto que no! Podrá aspirar a un cargo de elección popular, podrá ocupar un cargo en una administración, pero no podrá borrar nunca la traición cometida. Una traición que habrá de repetir tan pronto se le niegue lo que pide, así de sencillo. El mezquino, deshonesto, falto de valores, actuará siempre buscando su propio beneficio no el de los demás.

Las instituciones no traicionan, son los individuos con su ambición los que abusan del poder y las denigran.

En todo este proceso ¿Dónde quedamos los ciudadanos? Después de una decepción por el comportamiento poco ético de todos los actores políticos ¿Qué podemos esperar de ellos? Los hemos visto cómo son realmente, aunque se esfuercen en negar lo que no puede ocultarse.

Se culpan unos a otros, pero la lección que nos queda es que con tal de alcanzar o mantener el poder todos se parecen. Quizás unos más que otros. Promesas en campaña, que muy difícilmente habrán de cumplir. ¿Cómo serán como gobernantes? Habrá que conocer su historial como personas; qué clase de valores ha puesto en práctica durante su vida, por ejemplo. Recuerde que nadie puede dar lo que no tiene.

Se debe ir pensando en una reestructuración de las leyes electorales. Ya no permitir la proliferación de tantos partiditos inventados sin ideales, que muestran solo la ambición desmedida de individuos que constituyen una vergüenza.

El daño está hecho; no es tiempo de divisiones sino de buscar reparar el daño causado.

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