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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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27 Mayo 2018 04:00:00
El debate y cómo presumir con la estadística
“Ricky Riquín Canallín” fue la frase más recordada de López Obrador en el segundo debate de los candidatos a la Presidencia de la República, ahora en la Universidad Autónoma de Baja California, en su sede de Tijuana, ya sin la presencia de Margarita Zavala.

Después de esa célebre frase, “El Bronco” nos ilustró con su “Gracias, México, mi mamá no sabe leer y escribir… Es mi héroe”; Meade, con “se necesita haber sido muy cínico para no conocer de Atlanta más que donde vivía la familia”, y Anaya con “hay una cosa que es peor que los engaños y es la hipocresía”.

¿Divertido?, sin duda. Fue una fiesta de insultos y quien los quería ver pelear se sintió satisfecho del evento, pero los que requerían oír planteamientos para las futuras políticas públicas tendrán que esperar hasta después del 1 de julio, y mientras el primer debate fue visto por 11.4 millones de personas, es decir que 40% de las personas que tuvieron prendida la televisión esa noche, el segundo rompió récord: 12.6 millones de mexicanos se deleitaron con sus ocurrencias, es decir, un poco más de 50% de personas que veían televisión sintonizaban un canal que proyectaba el debate.

Desde aquí, las encuestas empezaron a fallar en sus resultados: de acuerdo con Numerus, 69% de los encuestados no vio ni escuchó el debate, mientras que 31% sí lo hizo, cifra muy alejada del porcentaje real.

Aun cuando Andrés Manuel decía que él era imbatible con su 50% de preferencia de voto cada vez que lo acorralaban en un tema sin respuesta, “El Bronco” insistía en que las encuestas se pueden equivocar. Y no le faltaba razón: con él se equivocaron en las elecciones para gobernador de Nuevo León, en donde su contrincante le llevaba mucha ventaja.

Al finalizar este segundo debate se realizaron rápidamente una serie de encuestas de opinión sobre sus resultados, en donde el vencedor fue, según Massive Caller, Ricardo Anaya, con 35%, apenas dos puntos por delante de López Obrador. En la encuesta de la empresa Global Media Servicios el vencedor del debate fue Andrés Manuel López Obrador, con 43%, por encima de Anaya (39%), Meade (16%) y El Bronco (2%).

Para la encuestadora Numerus, José Antonio Meade fue el ganador con 35%, superando a Anaya, López Obrador y Rodríguez Calderón. Además, un sondeo telefónico de la empresa Conteo, difundido por la agencia Quadratín, asegura que Meade fue el ganador, ya que logró 30 puntos de aceptación, seguido de AMLO (28%), Anaya (24%) y en un último lugar “El Bronco” (18%).

¿Por qué son tan diferentes los resultados? ¿Falsearon o se equivocaron las casas encuestadoras? A pesar de proclaman que su metodología es consistente, no reflejan resultados confiables, porque no es suficiente llamar a un número de teléfono fijo de una base de datos, pues la telefonía fija en este momento no refleja la masa crítica de los votantes en la población mexicana, que si se quiere confiable se debe establecer mediante una muestra estratificada y por cuotas, lo que resulta casi imposible de hacer en tan corto tiempo.

Además, las bases de datos de telefonía fija envejecen constantemente y no reflejan segmentos reales de población, lo que hace que los resultados sean poco confiables, aunque presuman de rigor metodológico.

El problema de los falsos números que ofrecen las encuestas es que despiertan la percepción de que, en un extremo, es imposible que el candidato puntero pierda la elección y en el otro, que los candidatos rezagados la ganen.

Como “El Bronco” ya demostró en los hechos, las encuestas no reflejan la realidad y generan falsas expectativas en las conjeturas individuales sobre el propio candidato, porque la gente tiende a pensar que los grupos señalados como menores por una autoridad (en este caso, las encuestas) son realmente más pequeños que su tamaño real y asigna mayores cantidades a los que se les señalan como más
grandes.

En la sabiduría colectiva, cuando la autoridad señala, sin necesidad de probarlo, que una cantidad es muy alta, no se requiere que lo demuestre y las conjeturas inferiores a esa información, aun cuando sean las verdaderas, son desechadas con mayor frecuencia.

El problema es claro: si vence en las elecciones otro candidato que no sea el puntero, la percepción social será que se realizó un fraude, porque se creerá que los números de las encuestas son infalibles, y con ese solo hecho y sin proponérselo, las encuestadoras despertarán al tigre.
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