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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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29 Junio 2018 04:08:00
El derecho a decidir
La mayoría de los mexicanos parece bien dispuesta a ejercer su derecho a equivocarse, sin reparar en consecuencias. Vicente Fox apagó muy pronto la esperanza en la alternancia. Felipe Calderón aumentó la frustración y Peña Nieto terminó de hundir al país en el infierno. Casi un cuarto de millón de muertos y más de 35 mil desaparecidos en 12 años de guerra inútil contra el narcotráfico, corrupción e impunidad institucionalizadas; pobreza exacerbada, vacío de autoridad y arrogancia gubernamental explican el ¡basta ya! de legiones indignadas, lanzado mucho antes de las elecciones presidenciales de este domingo.

Durante 71 años, el PRI decidió por los mexicanos –se equivocó por ellos– y les impuso 12 presidentes; algunos resultaron aceptables y otros regulares, pero la mayoría abusó del poder y agotó la resistencia ciudadana. La tecnocracia, educada en el extranjero, provocó las peores crisis económicas y políticas. Peña Nieto, rescoldo del PRI de los años 50 y 90 del siglo pasado –el de Miguel Alemán, Carlos Salinas y Carlos Hank– tiene hoy al país crispado y a su partido con un pie en la tumba.

El escenario es propicio para Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia, quien compite por la Presidencia por tercera ocasión consecutiva (en Brasil, Luiz Inacio Lula ganó en su cuarta tentativa). El único capaz de darle alcance es Ricardo Anaya, de Por México al Frente, catalizador del voto útil. La candidatura de Meade nació muerta. En vísperas de las elecciones, según El País, las preferencias se dividían así: AMLO 48.6%, Anaya 26.7% y Meade 21.2%, con lo cual sus probabilidades de ganar son del 97%, 2% y menos del 1%, respectivamente. Sobre la metodología, el diario advierte: “Las predicciones las producen un modelo estadístico basado en sondeos y en su precisión histórica. El modelo es similar al que usamos en Francia, Reino Unido o Cataluña. Funciona en tres pasos: 1) agregar y promediar las encuestas en México, 2) incorporar la incertidumbre esperada, y 3) simular 20 mil elecciones presidenciales para calcular probabilidades” (27.06.18).

En un análisis previo, Kiko Llaneras utilizó una metáfora futbolera –a tono con el Mundial de Rusia– para explicar lo atípico de un vuelco que pudiera restarle al candidato puntero 20 puntos de ventaja (con respecto a Anaya): “una derrota de López Obrador sería más rara que ver fallar un penalti a Cristiano Ronaldo”. (El crack lusitano ha cobrado hasta ahora dos penales; anotó el primero y erró el segundo). Por otro lado, “la victoria de López Obrador tampoco es una certeza: los sondeos aún podrían moverse y hasta el último día habrá espacio para una sorpresa”.

Las encuestas no variaron. ¿Podría dar Anaya la sorpresa? Sólo si logra atraer el voto útil y el de los indecisos y si en estos días de reflexión un sector de los simpatizantes de AMLO rectifica su intención y en la intimidad de las urnas cruza la boleta por el panista. A ese empeño se han sumado distintas corrientes. “Digan lo que digan decenas de encuestas manoseadas que el gobierno ha inflado para disfrazar la realidad, Meade está suficientemente lejos del segundo lugar del candidato del Frente. (...) el PRI se ganó a pulso el desprecio de los electores (...). Meade ha sido, cuando menos, un dispuesto cómplice”, escribe Jorge Suárez-Vélez, uno de los expertos del colectivo plural de México, ¿cómo Vamos?, (Reforma, 28.06.18).

Una parte significativa del país, también en uso de sus derechos, no quiere a AMLO en la Presidencia y busca evitar su triunfo de la única manera posible: con votos razonados. Si lo logra, será una hazaña, mayor incluso a la de las legiones que tienen la facultad para equivocarse. En cualquier caso, el resultado, para ser creíble, tendrá que ser limpio, claro e inobjetable.
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