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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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13 Febrero 2017 04:00:00
El desafío de la unidad en tiempos de desconfianza
En las semanas recientes Donald Trump unió a los mexicanos, de forma mediática y superficial, pero lo hizo. Las declaraciones y –por si había dudas– las primeras acciones radicales del nuevo presidente estadunidense generaron una oleada de expresiones nacionalistas de una magnitud que hace tiempo no se percibía en México. Las redes sociales, sobre todo WhastApp y Facebook, se convirtieron en el canal ideal para externar “el orgullo por ser mexicanos y la defensa de la dignidad nacional”.

Líderes de opinión, dirigentes de organizaciones de la sociedad civil y políticos se percataron de la ciber-protesta colectiva y no desaprovecharon la oportunidad para hacerla suya y congraciarse con los ciudadanos. Lo que, a diferencia de algunos críticos que casi todo lo ven mal, a quien comparte esta modesta reflexión, le parece una iniciativa valiosa (considero que cualquier intento por ejercitar la conciencia y fortalecer la identidad nacional vale la pena, aunque, como se ha precisado, no sea estructural).

Dos ejemplos de esa influencia de la comunidad virtual sobre la material, fueron, por una parte, los discursos pronunciados por representantes de los Poderes federales en la celebración del Centenario de la Constitución mexicana el pasado 5 de febrero, los cuales tuvieron como común denominador el llamado a la unidad; por la otra, las marchas convocadas para este pasado fin de semana por Mexicanos Unidos y Vibra México, en contra de las decisiones (agravios) de Trump y, ya de pasada –aprovechando– para manifestar su desacuerdo con el Gobierno mexicano (pareciera que “marcha que no ataca al gobierno no es marcha”).

Sin embargo, esa convocatoria a la unidad nacional se da en un contexto que dificulta su éxito real y sobre el cual, por ende, es necesario reflexionar: la creciente desconfianza entre los mexicanos. Cuestiones como la inconformidad social generada por la condena hasta ahora insuperable de la pobreza y la desigualdad, la decepción de la alternancia política, así como la creciente desinformación y manipulación que tienen lugar a través de las redes sociales, han mermado la confianza de los mexicanos en las instituciones, sí, pero también entre los mismos mexicanos (al interior de las familias, con respecto a los vecinos, frente a los compañeros de escuela y trabajo, y ni qué decir en relación con los desconocidos).

De acuerdo con la encuesta “México: confianza en instituciones 2016” (Mitofsky), “por séptimo año consecutivo la tendencia promedio de confianza en las instituciones mexicanas es a la baja, sufriendo en 2016 su mayor disminución y por primera vez son calificadas debajo de 6 en promedio (escala de 0 a 10) por lo que puede clasificarse en el nivel de “confianza baja”.

Según la Encuesta Nacional de Identidad y Valores (UNAM, 2015), el 80% de los mexicanos está de acuerdo o de acuerdo en parte, en que “la gente se interesa sólo en su propio bienestar”, mientras que el 52% está en desacuerdo o en desacuerdo en parte en que “la mayoría de la gente es honrada y se puede confiar en ella”.

Trabajar en la recuperación o conquista de la confianza es una tarea fundamental para lograr la tan anhelada –y necesaria– unidad. En términos del diccionario (RAE, 2017), “unidad” es la “propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere”. Lograr que su esencia su fusione requiere, por principio de cuentas, que los mexicanos renueven su pacto entre sí, sobre la base de la seguridad mutua y con la firme esperanza de que nos serán defraudados por sus iguales.

Para alcanzar una confianza sólida que vigorice primero la unidad familiar, después la unidad social y, finalmente, la unidad nacional, y que ésta se convierta en un mecanismo de defensa efectivo frente a las amenazas y los embates del exterior, es necesario que los mexicanos practiquen con mayor frecuencia y congruencia algunos valores esenciales. ¿Cuáles?

Aquí cinco: 1) Conciencia, porque, como lo advirtió hace mucho tiempo Immanuel Kant, “la conciencia de mi propia existencia es al mismo tiempo una conciencia inmediata de la existencia de otras cosas fuera de mí”. 2) Humildad y empatía, para entender las emociones, los sentimientos, las limitaciones y los alcances de los otros, a los que no debe dejarse de ver como iguales, a fin de reconocer su dolor, motivarles y ayudarles. 3) Respeto, aceptando que las diferencias son propias de la especie humana; “nuestra capacidad para alcanzar la unidad en la diversidad será la belleza y la prueba de nuestra civilización”, compartió Gandhi. 4) Amor, sin perder de vista que, como lo señaló Teresa de Calcuta, “el amor comienza en casa, y no es tanto cuánto hacemos, sino cuánto amor ponemos en las cosas que hacemos”. 5) Fraternidad, para no ser egoístas, no dañar ni desentenderse de los demás, pues comprender que todos somos semejantes y que pretendemos sustancialmente los mismos fines, como la felicidad y el éxito, es indispensable para compadecernos y solidarizarnos con los demás; para unirnos.
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