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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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26 Octubre 2018 04:03:00
El dilema del PAN
Acción Nacional está en campaña después de la felpa recibida en las urnas el 1 de julio. Se trata de un proceso interno, mas no menos importante para su futuro, cuyo final será el 11 de noviembre con la elección de su nuevo líder. Marcelo Torres, diputado lagunero, terminará el ejercicio iniciado por Ricardo Anaya Cortés hace 3 años. El excandidato presidencial pudo haberse presentado para un segundo periodo, pero prefirió hacerlo con Marko Cortés Mendoza, a quien endosó el apoyo de la desvencijada maquinaria blanquiazul formada por gobernadores y comités estatales y municipales.

En vísperas de las elecciones presidenciales, Anaya empezó a mover sus piezas para conservar el control del PAN. “(…) independientemente del resultado (…), va a ser muy importante reunirnos inmediatamente después (de la elección federal) a pensar en el partido, porque hay un grupo de gente que no tiene los principios del partido, como sí lo tenemos los que estamos aquí, que van a andar al acecho y van a querer a la mala hacerse del partido”, dijo Anaya a Carlos Medina, primer síndico del Ayuntamiento de León, donde cerró su campaña. (Reforma, 29.60.18)

Seguramente el candidato de Por México al Frente ya tenía idea de lo que le esperaba en las urnas. Si pensaba ganar, como se lo dijo a Medina –impuesto como gobernador interino de Guanajuato en 1991 como producto de una negociación entre el presidente Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos–, ¿quién podría apoderase del PAN a traición? Es como si alguien quisiera arrebatarle a AMLO el mando de Morena después de su victoria. No, Anaya y su grupo querían al menos rescatar los despojos de un partido en crisis.

Los aspirantes a la presidencia del PAN debatieron este miércoles en Ciudad de México. Manuel Gómez Morín –nieto y homónimo del fundador de Acción Nacional– reflejó el sentimiento no solo de amplios sectores del panismo, sino también de la sociedad con respecto a Anaya, Cortés y su partido: “Ustedes se han empeñado en destruirlo, en aislarlo, en desprestigiarlo. Los ciudadanos fueron claros en las urnas: no más dirigentes corruptos, no más dirigentes agachones. No un PAN de soberbios y arrogantes. ¡Ya estuvo bueno, ya estamos hartos! ¡No lo vamos a permitir!”.

“Tu única fortaleza es tu apellido”, replicó Cortés. Gómez Morín abuelo fue fundador de instituciones: el Banco de México, cuando el país requería bases e instrumentos para recuperarse de los estragos de la Revolución e iniciar su desarrollo; y del PAN, cuando, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el Partido Nacional Revolucionario se había transformado en poderosa organización de masas (Partido de la Revolución Mexicana, segundo antecedente el PRI) y se necesitaba una alternativa política para plantarle cara.

Las posturas de Gómez Morín y Cortés Mendoza resumen el dilema del PAN: volver a la ética y a los principios de sus fundadores o mantener los intereses y vicios que causaron el divorcio de la cúpula con el panismo y con los electores. AMLO invoca a figuras históricas (Juárez, Madero y Cárdenas) que, sin haber sido perfectas, fueron clave en momentos críticos para el país, como ahora lo son. “El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel, y el hombre, su nombre”, reza un proverbio malayo. Cortés quiso golpear a Gómez Morín por su apellido, pero es en él donde radica su mayor fortaleza. “La política”, decía Napoleón, “es una casa de putas en las que las pupilas son bastante feas”. Eso pasa cuando a los hombres del poder su nombre les importa un bledo.
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