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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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26 Diciembre 2016 04:00:00
El discurso de Riquelme
“Aguas con quienes pregonan el cambio. Este suele ser el disfraz de la delincuencia”, sentenció el alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, en su tercer informe. El PRI llevará a ese terreno el debate para tratar de evitar la alternancia y mantenerse en el poder otros 6 años. “El proceso electoral que se avecina (…) puede ser una oportunidad para el regreso del crimen organizado. Puede aparecer como bandera de partido político o de candidatos que representen sus intereses oscuros”. Ergo: “(el) reto (…) es conservar la paz y que nunca regresen los criminales a querer imponer su ley”, advirtió.

La licencia indefinida de Riquelme para conseguir la candidatura del PRI al Gobierno de Coahuila fue la crónica de un proyecto largamente anunciado. Todo el mundo sabe que es el delfín de Rubén Moreira, ausente y no en la ceremonia del 6 de diciembre en el Teatro Nazas. El gobernador, como en los tiempos de la Presidencia imperial, es omnipresente. No estuvo él, pero sí su Gabinete. Los 28 alcaldes priistas. Carlos Moreira, hermano del gobernador, en el nombre del SNTE. José María Fraustro y Miriam Cárdenas, presidentes del Congreso y del Tribunal Superior de Justicia. David Aguillón, líder de la Fundación Colosio. Samuel Rodríguez, operador electoral de Humberto Moreira.

El mensaje era obvio: la estructura del PRI y el Gobierno están con Riquelme, con nadie más. Jericó Abramo, Hilda Flores y Javier Guerrero (aún no renunciaba), como si no existieran. El gobernador envió en calidad de representante al secretario de Educación Pública, Jesús Ochoa Galindo, exrector de la UAdeC.

Otra clave: también la Universidad está a bordo. Por eso la presencia de su actual rector, José Blas Flores, y del jefe del clan: Fraustro, cuyo sueño de ser el plan B continúa vivo. “Puede conciliar a todas las corrientes”, dicen sus seguidores y algún que otro compadre.

El cambio, dijo el alcalde, “no hubiera sido posible sin el apoyo decidido de alguien que supo valorar a Torreón, que le dio su lugar, que le devolvió (…) los recursos que nos correspondían y que trabajó a la altura de las circunstancias de nuestra ciudad. Me refiero a nuestro amigo el gobernador Rubén Moreira Valdez”. También agradeció el apoyo de su amiga Carolina Viggiano, esposa del mandatario y aspirante al Gobierno de Hidalgo.

Eduardo Olmos se hallaba entre los exalcaldes presentes en el informe. Con él no hubo cortesías. “Cuando iniciamos nuestra gestión, Torreón vivía un periodo de caos. La violencia y la inseguridad habían desestabilizado las instituciones locales”. Riquelme dedicó también algunas líneas a Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, sin mencionar su nombre. “No quiero ver a mi tierra doblegada ante los embates del norte. Quiero un Coahuila fuerte, echado para adelante y con la frente en alto, ante los retos que se aproximan con el nuevo curso que toma el país vecino. Los coahuilenses estamos listos para enfrentar este nuevo dilema que, para bien o para mal, nos dicta la democracia de estos tiempos”. Coahuila y Texas comparten 512 kilómetros de frontera.

La carta de presentación de Riquelme para ser gobernador es la seguridad. Para él, el cambio, la alternancia, puede ser regresivo. “Recordemos el Torreón de hace unos años. Una ciudad desolada. Secuestros, extorsiones. Una policía infiltrada por el crimen organizado. (…) Hace tres años, Torreón estaba en el quinto lugar del ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo, (…) hoy la ciudad ya no aparece en (…) la estadística”.

Desde esa plataforma, subió la mira: “Lo que hicimos en Torreón, lo puedo, lo podemos hacer por Coahuila”.
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