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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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25 Julio 2016 04:03:34
El Donald Trump que… ¿todos llevamos dentro?
Hablar y escribir sobre Donald Trump ya es costumbre. Aunque el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos siempre se ha caracterizado por sus ideas controvertidas y radicales. Para los mexicanos comenzó a ser tema a partir de que acusó a nuestro país de enviar gente con problemas, drogas, crimen, violadores.

Lo más sorprendente de este caso no es que Trump tenga una forma monstruosa de pensar, sino que millones de estadunidenses lo secunden y apoyen. Si el hecho de que un empresario millonario metido a la política enarbole y promueva un discurso de odio (que atenta contra la dignidad de todas las personas) es por sí suficiente para encender sirenas, el que tantas personas hayan atendido a su llamado y estén dispuestas a votar por él debe hacernos reflexionar
seriamente sobre los valores en las sociedades contemporáneas.

Una de las protestas en contra de Trump fue el manifiesto que más de media centena de científicos, intelectuales y académicos hispanos hicieron público rechazando su discurso xenófobo. Estos líderes de opinión coincidieron en que el discurso del candidato presidencial es alarmante porque apela a las más bajas pasiones, como la xenofobia, el machismo, la intolerancia política y el dogmatismo religioso; precisaron que sus ataques verbales no se basan en
estadísticas y hechos comprobados sino en su muy personal e infundada opinión; que no sólo desdeña a los inmigrantes hispanos, sino que exhibe una peligrosa actitud contra sus oponentes, a quienes tacha de estúpidos o débiles; que ha lanzado comentarios soeces sobre las mujeres, entre otras críticas sólidas que justifican sobradamente la preocupación de este grupo.

El discurso de Trump –sus motivos, agenda y propuestas– es ahora el discurso de sus millones de seguidores, a quienes lejos de inquietarles la irracionalidad de su candidato favorito, los ha conquistado. En efecto, esas críticas de científicos, intelectuales y académicos son críticas en contra de una parte muy amplia de la sociedad norteamericana. ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a esos tantos ciudadanos de una democracia constitucional consolidada y
emblemática, impregnada de nacionalismo libertario, cuna de los derechos humanos, como lo es la norteamericana, a ponerse en contra de sí mismos? Responder a esta pregunta y que las conclusiones sirvan para prevenir el arribo de dirigentes intolerantes y la instauración de regímenes totalitarios, es ya una tarea ineludible para todas las sociedades del mundo.

En nuestro país no basta con ofendernos por las palabras de este señor, ni con temer por las consecuencias de su posible triunfo electoral. Tenemos ya también una realidad propia que es urgente atender. Hay información y diagnósticos que nos advierten sobre un endurecimiento de la sociedad mexicana que pudiera conducirnos, en el corto plazo, a tener nuestro propio Trump.

A modo de ejemplo, son suficientes algunos datos de la Encuesta Nacional de Identidad y Valores, Sentimientos y Resentimientos de la Nación (UNAM, 2015), de acuerdo con la cual, los mexicanos: 1) creen que los sentimientos que más predominan entre la gente en estos días son “el enojo, la ira, el resentimiento y el coraje”; 2) en primer término, están de acuerdo con describirla situación política del país como “preocupante”(en segundo como “peligrosa”); 3) en su
mayoría, cuando piensan que están en lo correcto, se dicen dispuestos a ir en contra de lo establecido por la ley; 4) también en su mayoría, cree que, en ciertos casos, la gente tiene derecho a hacerse justicia por su propia mano, y 5) son más lo que están de acuerdo con la pena de muerte que en su contra.

El que, según esta misma fuente, la mayor parte de los mexicanos prefiera la seguridad sobre la libertad, significa que estarían dispuestos a ceder la segunda por la primera o, lo más preocupante, la libertad por una promesa de seguridad. Hay otros aspectos sobre nuestra realidad social que no deben perderse de vista. En cuanto al fenómeno discriminatorio, 29.5% señaló haberse sentido hecho menos por causa de sus costumbres y cultura en el trabajo; 32.7%, en
lugares públicos; 26.5%, en la escuela. En cuanto a diversidad y tolerancia, 17.5% de los mexicanos entrevistados no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivieran personas con una cultura distinta; 23. 2%, extranjeros; el 29.6%, personas enfermas de sida; 38%, lesbianas; 37.6%, homosexuales.

Este estudio revela que hay mexicanos que piensan, en alguna medida, de forma similar a Trump; unos más radicales, otros menos; unos que no levantarían muros en las fronteras, pero sí en sus casas. Reconozcamos ahora nuestros prejuicios y defectos como sociedad, enfrentémoslos y evitemos así que, en un futuro no muy lejano, tengamos la amenaza en casa.
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