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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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22 Febrero 2018 04:00:00
El Espinazo del Diablo
Tiempos extremos nos ha tocado vivir actualmente, cuando todo se ha vuelto un riesgo para la existencia plena. Hoy la angustia es un estado de intranquilidad muy intensa causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro.

En los tiempos de la Colonia, cuando se transportaba el oro y la plata por caminos pedregosos, se debía ir armado para defender el valioso cargamento. Hoy, cuando llegamos a una gasolinera, la angustia se apodera de nosotros porque ya no sabemos para cuántos litros de gasolina nos alcanza y de nada sirve ir armado porque de la gasolinera nos vamos sin oro ni plata.

Al llegar a su hogar, antes símbolo de paz, tranquilidad y seguridad, su alteración se mantiene o crece porque debe medir su consumo de gas al momento de preparar la comida porque el hidrocarburo adquirió un valor hasta 81% más caro en Coahuila que en otras entidades federativas, por lo tanto, ahora cada alimento es más valioso porque el combustible lo hace más caro.

Pero el asalto no sólo se da en la calle o en lugares peligrosos, porque dejar la luz encendida, usar el microondas en exceso, prender un calentador eléctrico, el minisplit, la plancha, la lavadora o la secadora es un atentado a la economía, agujera el bolsillo porque los costos de la energía aunque en apariencia, conforme a la Comisión Reguladora de Energía, son 1.5% más caros, cada mes se actualizan.

Además, desde el pasado 23 de noviembre por primera vez los precios de la electricidad estarán basados en los costos de la producción y distribución del servicio, y a estos se les sumará la variación mensual de los costos de los combustibles fósiles utilizados para la generación de la energía eléctrica.

A esta situación debe agregarse una más: la Secretaría de Hacienda, a través de su implacable brazo ejecutor el Servicio de Administración Tributaria, cual verdugo cada mes desangra los negocios con impuestos por pagar. En contraparte, el débil comportamiento de la economía desfavorece la actividad comercial y ha contraído las ventas. La cuesta de enero se extendió hasta febrero y no se ve claro el horizonte.

Un elemento más que atenta contra la economía de todos, es el precio de la gasolina: cada día se enfrenta un precio más alto de la Magna o la Premium. Ahora la Magna “llegó a la mayoría de edad” y cuesta 18 pesos por litro y la Premium está a unos centavos de alcanzar los 20 pesos, mientras nosotros los consumidores estamos más cerca de la inviabilidad económica.

No hay respiro para el ciudadano, para el consumidor, todo sube, nada baja e ir al supermercado hoy es llevar de acompañante a la angustia, porque desconocemos si lo que llevamos en la tarjeta de débito alcanzará para comprar lo mínimo necesario para la despensa.

Recorrer los pasillos y ver los anaqueles llenos de mercancía ya no son una ilusión ni una ambición y los alimentos de las marcas que nos gustan cada vez más se van convirtiendo en aspiracionales, porque ya no los podemos comprar ni en sus presentaciones más económicas.

Vivir en México acompañados del SAT, los precios del fluido eléctrico, del gas, la gasolina y los alimentos y una deteriorada economía es como intentar recorrer aquella peligrosa carretera conocida como El Espinazo del Diablo: hacia derecha e izquierda hay un precipicio, cualquier falta de atención o precaución concluirá con la muerte del conductor. Esa es la realidad de hoy como consumidores que somos.
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