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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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10 Abril 2016 03:59:59
¿El Estado vs. Uber?
¿Por qué el Estado habría de entrar “al quite” en la regulación de las tarifas de servicios como Uber? En definitiva no es su obligación, pues es un servicio privado que funciona bajo la ley de oferta y demanda. Cada usuario decide qué servicio desea contratar, pleno acuerdo entre ambos: cliente y compañía. Mal hará el
Gobierno de la CDMX en meter sus manos en ese asunto, porque estará interviniendo en asuntos de mero mercado. Lo que sucedió el miércoles pasado fue una “lección de capitalismo”, como lo llamó Carlos Mota en su columna en El Financiero: “Uber cobró de acuerdo con las leyes de la oferta y demanda, y mostró en
una sesión lo que ni el sistema educativo ni las autoridades han podido insertar en nuestra conciencia: las cosas cuestan, y cuestan más si más gente las requiere...”.

Decían algunos que Uber debió solidarizarse con los ciudadanos, pero Uber, al ser una empresa privada, no tiene la obligación –ni siquiera moral– de resolver los problemas de movilidad de una ciudad como ésta. Y si la respuesta del Estado es meter mano, diseñar una regulación de un servicio privado como éste, lo que
hará será impedir que el mercado funcione de manera natural. El mercado es sabio: si te suben las tarifas de Uber, pues optas por otras plataformas como Cabify o Yaxi, que conservaron sus precios como si no hubiera contingencia, o llamas a un taxi de sitio, o agarras uno en la calle; esto habría hecho que Uber no
tuviera una demanda elevada y, en consecuencia, su tarifa habría disminuido. ¿Por qué es tan difícil eso de entender?

Es inaudito que algunas voces de izquierda (esas mismas que llaman represor al Estado) ahora le hayan exigido que intervenga en un tema que no requiere de su mano “ajustadora”. Quieren que no meta las narices en nada y le exigen que meta las narices en todo. ¡Pura congruencia! Sobre todo cuando pensamos que
eran estas mismas voces las que celebraban la llegada de este servicio y lo defendieron hace unos meses, cuando los taxistas tradicionales comenzaron a manifestarse en su contra. Uber sí llegó a resolver un problema de movilidad a una gran parte de los ciudadanos, pero en definitiva no llegó para hacer un trabajo que
es expreso de la autoridad, y que se complementa con la manera en cómo nosotros, como ciudadanos, respondemos ante ellos. Yo jamás habría aceptado que se me cobrara tres, seis o 10 veces más por una ruta en la que normalmente no se me cobran más de 80 pesos, pero esa fue decisión mía, no del Estado. Yo,
por ejemplo, usé Cabify con muy buenos resultados el día de la contingencia.

Repito, será un terrible error que el Estado intervenga en esto, porque no estaría permitiendo la evolución natural del mercado, estaría, más bien, coartando esa libertad. Eso (entre muchas otras cosas) es lo que hace la diferencia entre un Estado opresor, autoritario y uno libertario. Sí, todos sabemos que hay tantos
problemas de transporte y movilidad en la capital del país, pero las facturas al respecto no tienen por qué ser cobradas a los particulares: a esos, se los factura el propio consumidor. Al Estado le toca invertir en más y mejor transporte público, punto. Quienes nos consideramos a favor de las políticas diseñadas desde
criterios de libertad, entendemos que debemos defender la posibilidad de cualquier elección, así sea hasta el de un servicio de transporte. En la regulación que acordó con taxistas y aplicaciones como Uber, se escribió que una parte de lo que generen las apps, será destinada para mejoras al transporte público, ¿qué ha
pasado con eso? Que nos diga Héctor Serrano qué ha pasado con eso. Nada de lo que hoy sufrimos los habitantes de la Ciudad de México es nuevo: ya es momento de crear programas cuyos alcances vayan más allá de la inmediatez, porque se les está haciendo de tal forma bolas el engrudo que ya hasta están
pensando en regular el libre mercado, es decir, obstruirle toda libertad.


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