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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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02 Mayo 2017 03:00:00
El Estado y la Revolución Permanente
"La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente" (de su testamento). LEON TROTSKY.

Fue el año de 1940 cuando moría Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido como Leon Trotsky, político y revolucionario ruso clave en la instauración y supervivencia del primer régimen comunista del mundo. Se inició en la política integrándose al movimiento marxista, realizando importantes contribuciones teóricas como la “revolución permanente”. Fue detenido, encarcelado y exiliado a Siberia tras fundar la Liga Obrera del Sur de Rusia, pero regresó años después a Europa bajo el seudónimo de Trotsky, era el nombre de uno de sus carceleros. Su participación en la fallida Revolución rusa de 1905 le condujo a un segundo exilio en Siberia. En un principio, Trotsky se opuso a las teorías de Lenin y los bolcheviques, pero finalmente se radicalizó y acabó por unirse al partido, asumiendo la presidencia del Soviet de Petrogrado y la del Comité Central, organizando con éxito la Revolución de Octubre de 1917 y orientando la política exterior del país hacia la consolidación de la misma.

La Historia nos da muestra de ejemplos para no volver a cometer los mismos descuidos y culpas; sin embargo, hoy el régimen capitalista que ha evolucionado en neoliberalismo, nos ha sumido en una incertidumbre, desapego y disminución del ser humano mismo. No acabaríamos enunciando las características atroces de las que somos protagonistas… la crítica al neoliberalismo ha alcanzado una masa de reparo que comienza a tener importantes manifestaciones sociales y políticas. En el mundo, el mapa político y programático para el proyecto socialista se ha abierto nuevamente. Dentro de uno de los escenarios, es imperativo reconocer, que la izquierda se encuentra altamente debilitada y acosada. Sin embargo, la posibilidad de que surjan nuevas propuestas es un hecho tangible. Otra vez la idea de una sociedad alternativa parece dibujarse entre la desesperación y los nuevos anhelos.

Sigamos insistiendo en que vale la pena el Socialismo, recordemos a próceres como Trotsky y aprendamos de su legado y recordémoslo como lo menciono André Breton “un gigante de la revolución tremendamente humano”. Trotsky no era hombre de morir de vejez en la cama. Cayó en las trincheras de la revolución socialista. Sus últimas palabras fueron: “Estoy seguro del triunfo de la cuarta Internacional”. La Revolución Permanente no es un salto de los que menos tienen, sino la transformación del país bajo su dirección; hagamos sencilla y probable una Revolución Permanente. Cada uno de nosotros, desde distintos espacios, podemos hacer posible una revolución de ideas, una transformación de las circunstancias de cada persona que conlleven a la transformación de un colectivo que prefiera el plural al singular.



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