×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
16 Febrero 2018 04:07:00
El estilo de gobernar
La alternancia en Los Pinos les permitió a los gobernadores decidir sus propias sucesiones. Soltar la suya por dedicarle más tiempo a su ilusoria aspiración presidencial y suponer que tenía el control político del estado, impidió que Enrique Martínez dejara heredero. Humberto y Rubén Moreira aprovecharon el descuido para hacer el 1-2 en el Gobierno. En el ánimo social pesa más la negligencia que haber dejado deuda cero, pues al final de qué sirvió entregar finanzas sanas si al cabo de un sexenio Coahuila tendría el mayor pasivo bancario del país.

Las sucesiones se planean con tiempo. Rubén Moreira no engañó a nadie: Miguel Riquelme fue su favorito desde un principio. La cuestión ahora es: ¿quién lo es de Riquelme? Es temprano para saberlo, pero una cosa es segura: no será un moreirista, pues el clan, además de fracturado, terminó su nefasto ciclo el 1 de diciembre. El deslinde de Riquelme con los hermanos no será espectacular como lo fue el de Ernesto Zedillo con Carlos Salinas, a cuyo hermano Raúl encarceló por el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y enriquecimiento ilícito. Sin embargo, lo habrá; lo contrario no podrá gobernar.

Riquelme tiene elementos para proceder, al menos, contra figuras cercanas a sus predecesores: las irregularidades por casi 5 mil millones de pesos en la Dirección de Pensiones de los Trabajadores de la Educación (Dipetre), el desvío de 410 millones de pesos a empresas “fantasma” y gastos fuera de norma por 64.5 millones de pesos en la Secretaría de Salud. Si Rubén Moreira dijo ignorar el tamaño de la deuda y el déficit heredados de un gobierno en el que tuvo tanta o más influencia que su hermano, ¿supo Riquelme la situación real de las finanzas del Estado y la gravedad de otros problemas antes de asumir el cargo? Por lo visto, no.

El gobernador y su equipo de confianza están en la etapa de desentrañar los misterios de la pasada administración para poder actuar o tener información que le permita mantener a raya a los Moreira. Otros temas lo ocupan y le preocupan, por ejemplo, las elecciones del 1 de julio. Perder la Presidencia de la República –con AMLO o con Ricardo Anaya– sería un revulsivo para el país y para el estado. La bandera de los candidatos opositores es el combate a la corrupción y en Coahuila hay bastante tela de donde cortar. La deuda, contra lo que se piense o se quiera hacer creer, no es un asunto cerrado. Máxime si al escarbar se llega a la campaña de Peña Nieto y al PRI, donde Humberto Moreira despachó como presidente y ahora Rubén ejerce de secretario de Organización.

En lo local, el PRI se daría por bien servido si conserva las alcaldías que ganó el año pasado, pues difícilmente recuperará Torreón, Monclova y Acuña. El gobernador tiene muchos fierros en la lumbre, pero también algunos puntos a favor. Si como alcalde de Torreón se metió en problemas por la cortedad de su mecha, como gobernador se ha moderado. Si Rubén Moreira evitaba todo trato con el alcalde Isidro López Villarreal y aisló a la capital para no darle reflectores al panista, Riquelme se placea con el alcalde de Torreón Jorge Zermeño. No puede darse el lujo de pelearse con nadie, menos con la principal figura del PAN.

Será en Torreón, justamente, donde Salvador Hernández Vélez rendirá protesta como rector de la Universidad Autónoma de Coahuila el lunes próximo. El lagunero es amigo de Rubén Moreira, pero llega al cargo por Riquelme. Las sucesiones –insisto– empiezan a planearse a los principios del sexenio.


Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5 6