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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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10 Septiembre 2018 04:00:00
El Facebook es el tribunal de la justicia popular
Alberto Flores Morales y su sobrino Ricardo, campesinos ambos, fueron a San Vicente Boquerón a comprar materiales de construcción para su rancho y se les antojó una cerveza, según la costumbre.

Fueron detenidos por hacerlo en vía pública y los trasladaron a Acatlán de Osorio, la cabecera municipal, pero desde la Presidencia Municipal se empezó a rumorar que eran secuestradores.

Francisco Martínez, “el Tecuanito”, escuchó el rumor y empezó a alentar, primero a viva voz, luego por Facebook y después con un aparato de perifoneo, que rentaron a Petronilo Raymundo, “El Paisa” (único detenido por el caso) a la gente del mercado, para que se hiciera justicia por propia mano, pues del secuestro “El Tecuanito” había saltado al robo de niños como delito a los acusados. César Juárez, taquero de oficio y Enrique Guzmán Sánchez se emocionaron e incitaron al linchamiento, movilizando a mas de 150 gentes que se sentían decididas a poner un hasta aquí a la inseguridad.

“El Tecuanito” transmitía en vivo y dijo: “¡Gente de Acatlán, dese cita, porque esto se está poniendo delicado! (...) Entre más gente estemos se podrá hacer justicia!”.

Su llamado fue efectivo porque la gente, enardecida, sacó a los campesinos de la cárcel y los quemaron vivos. Paradojas de la vida, “El Tecuanito” nunca se imaginó que la transmisión que incitó a la muerte de los campesinos será la que lo condene a él y a más de 30 personas, ya identificadas en el video.

También fue la transmisión que hizo sufrir indeciblemente a la madre de uno de los campesinos masacrados, porque la siguió en vivo, sin poder hacer nada.

Este asesinato colectivo no es un caso aislado, ni en Puebla ni en Hidalgo. Con el antecedente del vergonzoso suceso de San Miguel Canoa, en el 68, donde un cura exhorta a la comunidad a linchar a cinco universitarios, acusándolos de comunistas, hasta nuestros días, los linchamientos se hacen cada vez más comunes.

En 2015, dos encuestadores fueron quemados vivos en la comunidad de Ajalpan tras ser confundidos con secuestradores de niños. El año pasado se reportaron 23 casos de este tipo en Puebla.

En Hidalgo una pareja que se dedicaba a vender juguetes estuvo a punto de ser linchada porque se dijo que eran secuestradores de niños y otra pareja murió luego de que los pobladores les prendieron fuego supuestamente porque se querían robar a un niño.

En Veracruz, un payaso urbano, “Oscarín”, buscaba dinero para trasladarse a Chiapas y hacía payasadas (su trabajo) entre dos escuelas cuando los padres lo reportaron por redes sociales, estando a punto de ser linchado, salvándolo oportunamente la policía.

¿Qué está pasando en esas comunidades, que la gente está haciendo justicia por propia mano, aunque ellos saben que nadie debe hacer ese tipo de justicia? En primer lugar, por la impunidad del hecho. En un linchamiento colectivo no hay culpables.

Y la autoridad no culpa a nadie o lo hace con el culpable cómodo. La justicia popular es rápida y expedita porque al juzgar el pueblo no se equivoca, que es la perspectiva de moda.

El veredicto se da por medio de las redes sociales, que acusan sin necesidad de probar nada. La histeria social del robo de niños no se localiza solamente en comunidades rurales, aparentemente de atraso cultural y aislamiento social, sino en comunidades cultas y desarrolladas.

En días pasados, en Saltillo, se desató una ola de angustia porque la gente se enviaba una nota en la que pretendidamente había un gran peligro en las calles, pues hasta dentro de las cocheras se robaban a los pequeños.

Y la gente lo creía sin cuestionar las fuentes, el origen de la noticia ni la intención que esta llevaba. Un importante psicólogo, Gordon Allport, estudió a fondo el rumor en la comunicación humana y planteó una fórmula explicativa de tal fenómeno: R=I.A, es decir, el rumor se crea por la importancia de la noticia y la ambigüedad en su contenido.

A mayor ambigüedad e interés, el rumor es más fuerte. Y no hay impacto mayor para una comunidad que la seguridad de los hijos. Por eso, si se quiere perturbarla, quitarle la tranquilidad y movilizarla, dígale que sus hijos no sólo están en riesgo, sino que ya están siendo extraídos de sus hogares y sus escuelas por gente extraña a la comunidad, para activar a la vez el odio xenófobo.

¿Quién fue el hombre del coche rojo que a la salida de las escuelas, al sur de la ciudad, les ofrecía dulces a las niñas para llevárselas? ¿Cuál fue el nombre del padre de familia que lo persiguió? ¿Cuáles eran sus placas? No hay datos ni los habrá, porque los rumores, las “fake news” no necesitan corroboración sino verosimilitud.

Es decir, que parezcan verdad, no que lo sean. No dudo que la gente cree en tales noticias falsas por la necesidad de darle rostro a la angustia social a la que los ha llevado la política, la economía y las mismas redes sociales.

Y como la moda es Vox populi, vox Dei, los linchamientos populares se imponen.
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