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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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03 Febrero 2017 04:00:00
El fantasma del futuro
Comienza el año y con él una lista de propósitos. Los más comunes son, levantarme temprano, volver el próximo lunes al gimnasio, respetar la dieta al pie de letra, eso sí, desde el lunes. Siempre me he concentrado en lo que no tengo, aquello que en toda nuestra vida no he podido lograr. El inicio de año es un buen motivador para, ahora sí, comenzar de cero.

Sin embargo y como dijo Julio Cortázar, “el azar hace mejor las cosas que la lógica”. Este año dejé de lado mi lista de propósitos, la carrera hacia ese infatigable destino que más y más se aleja en cuanto más alcance le doy. Esa lucha con rudeza por llegar a la meta que otros trazaron. No quiero planear atardeceres ni programar mis noches para el insomnio. No quiero una nueva agenda de pastas negras o aún a oscuras, escuchar el bip del celular y despertar con ese escándalo de tren que está a punto de arrollarme.

O será que, ¿llevar una lista de propósitos significa trazar una ruta al porvenir? ¿Y el libre albedrío, dónde queda? Si todos somos víctimas de las circunstancias y la mayoría de las veces reaccionamos al primer impulso y culpamos a otros de nuestra derrota. Me resisto a escribir, como cada año, lo que antes no he podido cumplir. Anticipar en una lista el remordimiento.

Prefiero la sorpresa, la aventura a la vuelta de la esquina, la fantasía de creer que sí lo voy a lograr. Abrir las páginas de un periódico y saber que ese es el único futuro que tengo: el ayer. Este año quiero vivir libre, sin presiones autoimpuestas, sin citas conmigo mismo a las cuales no llegaré. Dejar de pensar que cada lunes es una nueva oportunidad, el gran desafío convertido en una pequeña nueva decepción.

Andaré sin mapas, guiado sólo por la brújula de la intuición. El futuro siempre es especulativo, ¿quién tiene la certeza de amanecer mañana? Dejémonos pescar por el anzuelo de la corazonada. Vivamos la realidad del que sueña. Conscientes de que cada momento es el mejor, único espacio de tiempo que sólo ha de repetirse en los laberintos de la memoria, donde será mejor perdernos hasta encontrar ese otro que nos habita, a veces bestia, a veces humano.

Con esta entrega, revive La columna chueca, invitado por Zócalo nos encontraremos dos veces al mes. Hoy comienza un diálogo en que trataré de ser un oportuno columnista. No escribiré de política ni de finanzas, sino sobre aquello que miro cuando cierro los ojos y de todo lo que toco también cuando los cierro. Trataré de fijar el instante en palabras, vivir lo que escribo antes de dejarlo impreso: lecturas, viajes, amigos, museos, el pulso de la cotidianidad. Escribiré lo que no me atrevo a pronunciar.

Coahuila es un estado donde tengo muchos amigos, al que voy con regularidad desde hace 15 años, al que siempre quiero volver y febrero es un buen comienzo. Espero que juntos lleguemos al fin del año y hagamos un recuento de historias y quien se anime, también un recuento de propósitos. Al final, espero que no vea su agenda incompleta, habitada por cadáveres de frustración, fantasmas que lo acompañarán en el futuro.

@RNaro
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