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Gerardo Hernández
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20 Febrero 2018 04:06:00
El fenómeno AMLO
El pésimo Gobierno de Enrique Peña Nieto y el mal recuerdo de Vicente Fox y Felipe Calderón tienen a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la antesala de Los Pinos. El tercer intento del ahora precandidato de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena, PT y Encuentro Social) de ganar la Presidencia parece definitivo. Además de ser el aspirante con mayor presencia en los medios de comunicación, pues tiene 12 años en campaña, y de encabezar las encuestas, la idea de que AMLO será el futuro Presidente se extiende conforme se acercan las elecciones.

AMLO también empezó arriba en las encuestas en las dos últimas sucesiones, pero en las urnas perdió con Felipe Calderón y Peña Nieto por diferencias de 0.62 y 6.6%, respectivamente. En 2006, atenido a su ventaja, el entonces candidato del PRD cometió errores: desairó un debate entre presidenciables, se confrontó con Fox, sembró temor entre el empresariado por su discurso populista, y luego de perder bloqueó calles, carreteras y aeropuertos. En las campañas de 2006 y 2012, el PRI, el PAN y los poderes fácticos –especialmente las televisoras– se unieron para presentarlo como “un peligro para México”.

En 2006, AMLO captó 14.7 millones de votos contra 15 millones de Calderón; seis años después subió a 15.8 millones, mientras Peña Nieto, cuyo gasto de campaña excedió por mucho el tope autorizado, consiguió 19.2 millones de sufragios. A pesar de la guerra sucia, AMLO fue el segundo candidato más votado en los dos últimos procesos para renovar la presidencia. Empero, el PT y el Partido Encuentro Social (PES) no son los mejores aliados de Morena para las elecciones del 1 de julio. El primero, por el cacicazgo de su líder Alberto Anaya, y el segundo por su
conservadurismo.

Después de estar dos veces a un paso de la Presidencia, AMLO se ha alejado de posiciones radicales. La incorporación de Alfonso Romo como enlace con empresarios, gobiernos locales y sociedad civil, y de Tatiana Clouthier –hija del excandidato presidencial del PAN, Manuel J. Clouthier– como coordinadora de campaña, le abre espacios en sectores donde hasta hace poco era visto con recelo o de plano lo repudiaban.

Si en 2006 AMLO se declaró “políticamente indestructible” frente a los ataques del Gobierno y del PAN, 12 años más tarde la trama para desacreditarlo por el supuesto apoyo de Rusia y Venezuela a su candidatura, en lugar de afectarlo, ha aumentado su popularidad, le ha permitido mostrar su lado humorístico (se llama a sí mismo Andrés Manuelovich) y ha afianzado la percepción de que el Presidente Peña, el PRI y su candidato José Antonio Meade harán todo lo que esté a su alcance para retener el poder a cualquier costo.

AMLO pudo atemperar su carácter y matizado su discurso, pero su vocación autoritaria, en lugar de disminuir, se ha exacerbado. Las decisiones de la coalición Juntos Haremos Historia son suyas; candidaturas aberrantes como la del exfutbolista y alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, para el gobierno de Morelos, y la del líder minero Napoleón Gómez Urrutia para el Senado, son bajo su cuenta y riesgo. Nadie puede contradecir al mesías, y quien lo haga es condenado al fuego eterno. AMLO quiere votos sin importar el costo, su dedo flamígero señala quién debe contender para un cargo de elección popular. AMLO vuelve a ser, como pasó en 2006 y 2012, su principal enemigo. Pero a diferencia de ayer, hoy se le perdona todo con tal de hacer perder al PRI y al PAN. Por ellos y sus gobiernos, López Obrador tiene hoy un pie en Los Pinos.
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