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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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23 Marzo 2017 03:00:00
El fin de la banca personalizada
Con la llegada de las nuevas tecnologías vivimos nuevamente el efecto de la Revolución Industrial, pero esta vez los afectados son los trabajadores de los bancos, que están empezando a perder sus empleos para ser reemplazados por máquinas.

Por un lado entendemos el ahorro en costos de la máquina: no se enferma, funciona las 24 horas, no se le paga un sueldo ni Seguro Social, funciona en días inhábiles, no tiene problemas con el resto del personal y permite realizar movimientos en cualquier momento y sin realizar largas filas.

Pero… los servicios bancarios se han vuelto demasiado fríos, ya no tratan al cliente como antes, de manera personal, asesorándolo y ofreciéndole la mejor opción, con un saludo al llegar e incluso hasta por su nombre (antes conocían a sus clientes así)... todo eso quedó atrás.

Hoy hemos dejado de ser personas y nos hemos convertido en números, reemplazaron a los cajeros con máquinas que hacen todo de manera automática, basta con llegar y seleccionar lo que queremos hacer, son muy efectivas y permiten trabajar fuera de horario, pero se perdió la conexión que había entre el cuentahabiente y la institución.

Recuerdo que antes había, en su mayoría, mujeres desempeñándose como cajeras en los bancos. Por aquel entonces sólo estaba la carrera de comercio y eso implicaba que la mujer tomara dicho camino y algunas solicitaban trabajo en las instituciones bancarias. Un trato cálido siempre era la mejor manera de hacer sentir al cliente satisfecho con el servicio bancario.

En el pasado sólo existían el Banco Nacional de México, el Banco de Coahuila, el Banco de Comercio, el Banco Mercantil de Monterrey, el Banco de Londres en México y luego entró el Banco Comercial Mexicano. En servicios financieros, estaban la Financiera de Saltillo y la Financiera Bravo.

Una persona que trabajó muchos años en estas instituciones me comentó que están planeando a 10 años revolucionar la banca y hacerla lo más automatizada posible, tener el mínimo de personas posible y que los cajeros automáticos hagan todo.

El problema es que muchas personas opinan que es mejor una atención personalizada, no confían en la máquina porque creen que puede fallar y tragarse su depósito sin registrarlo; sienten que es necesario que una persona esté al pendiente para apoyarlas cuando tengan dudas sobre lo que pueden pagar y el manejo de sus cuentas.

En el pasado, para recibir un crédito bastaba con abrir una cuenta en el banco al que se acudía a solicitarlo; había confianza y se conocía personalmente al solicitante. Hoy, para un crédito solicitan garantías de 3 a 1 (3 pesos de garantía prendaria por cada peso que prestan) o investigan el buró de crédito para asegurarse de que el solicitante cuenta con un buen historial.

Se extraña el buen trato del pasado, cuando el gerente conocía personalmente a todos sus clientes, era como una familia en la que había trato cercano con todo el personal. Además, aunque para muchos hoy sea una pérdida de tiempo hacer filas y pasar más tiempo del necesario, yo prefiero la banca del pasado.

Tal vez en el futuro ya ni siquiera nos pongan por nombre y únicamente nos asignen un número. ¿Será ese el futuro para todos los trámites? Los cambios continúan y tenemos que acostumbrarnos a ellos, algunos son fáciles de entender y otros no. La tecnología avanza a pasos agigantados y para muchas personas es complicado seguirle el paso.
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