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Juan Latapí
Juan Latapí
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21 Enero 2018 03:10:00
El fin del poder
NI DUDA CABE QUE TODO cambia y el poder no es la excepción. Los esquemas tradicionales de acceso y conservación del poder están dejando de funcionar y, quienes están encumbrados, en muchos casos, simple y sencillamente no lo entienden.

EL PODER SE ESTÁ DISPERSANDO cada vez más y los grandes actores tradicionales –gobiernos, ejército, empresas, sindicatos- se ven enfrentados a nuevos y sorprendentes rivales, algunos mucho más pequeños en tamaño y recursos.

EL PODER, TAL Y COMO lo conocimos en otras épocas, ahora se fragmenta y degrada. Los líderes actuales, en cualquier campo, tienen menos poder que sus antecesores. En su libro, “El fin del poder”, Moisés Naím plantea que hoy existe una lucha constante entre los grandes poderes antes dominantes y los nuevos micropoderes que ahora se hacen valer en todo el mundo.

EL PODER ES CADA VEZ más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder. La fragmentación del poder –según Naím- obedece a tres factores: El del “más”, ahora hay más de todo, más países, más tecnología, más comida, más religiones, más partidos políticos y más organizaciones de la sociedad civil. El segundo factor es el de la “movilidad” que implica el mayor flujo migratorio y la paulatina desaparición de las fronteras que permiten que el poder se ejerza en espacios más abiertos; y el tercer factor es el de la “mentalidad”, que rechaza el autoritarismo y que facilita la cada vez mayor proclividad de aceptar a los diferentes.

DURANTE EL ÚLTIMO MEDIO SIGLO han aumentado de forma espectacular la población mundial, la producción mundial, el número de países, el de científicos y en los últimos años el progreso ha tenido ciertos avances en los países más pobres. Hoy en día todo se ha hecho más móvil con el incremento de la difusión de noticias y la conectividad, las facilidades para poder viajar y los flujos de mercancías y capital. Cada día, también, los ciudadanos del planeta estamos más informados y empezamos a reclamar y exigirle a nuestros gobernantes. Paralelamente, cada día la confianza en los gobiernos se va desplomando de manera sustancial y no necesariamente porque los gobernantes de hace medio siglo fueran mejor que los de hoy.

ACTUALMENTE, QUIENES LLEGAN AL PODER están cada vez más acotados por Congresos que no controlan, poderes judiciales cada vez más independientes y por medios de comunicación y sociedades civiles activas que vigilan y denuncian. El poder ya no es lo que era; muestra de ello es cómo pequeños grupos armados ponen en jaque a grandes ejércitos mejor armados, desde los talibanes en Afganistán, que no han podido ser derrotados por 430 mil soldados de diferentes países, hasta las bandas del crimen organizado de nuestro país que se multiplican a diario sin poder ser frenadas por las fuerzas armadas.

EL PODER TAMBIÉN ESTÁ CAMBIANDO en el mundo de los negocios; por ejemplo, está la venta de The Washington Post, en 250 millones de dólares, al nuevo titán económico Amazon, o la declaración en bancarrota del antaño gigante Kodak –con el despido de 14 mil empleados- mientras Instagram, con su intangibilidad y sus 13 empleados, cambiaba de manos por mil millones de dólares. El poder está fluyendo de quienes tienen más fuerza bruta a quienes tienen más conocimientos, de los viejos gigantes empresariales a empresas más jóvenes y ágiles.

LO MISMO ACONTECE CON LOS bancos tradicionales ante los fondos de inversión y con los grandes medios de comunicación frente a las redes sociales; son tiempos en los que el rápido le gana al fuerte. Tenemos también el ejemplo de cómo el poder de la iglesia católica se ha ido fragmentando y degradando, perdiendo feligreses a diario mientras las nuevas iglesias ganan cada vez más adeptos como las pentecostales y carismáticas que avanzan incontenibles prácticamente en toda Latinoamérica.

QUIENES DETENTAN EL PODER HOY en día se encuentran en dificultades para ejercerlo y para conservarlo, así como lo estamos viendo en esto días a nivel nacional y muy en particular en nuestro estado; hace un año nadie se imaginaba cómo se entramparían las pasadas elecciones, sin mencionar todas las trapacerías. El nuevo gobernador difícilmente podrá ejercer el poder como lo hacían los anteriores mandatarios -independientemente de que ahora enfrentará un estado dividido y sin recursos económicos. Pero más difícil le resultará si no tiene la suficiente habilidad política para entender cómo está cambiando la naturaleza del poder donde los gobernantes cada vez son más vulnerables y más débiles.

OJALÁ Y QUE ALGUNO DE los asesores del nuevo mandatario estatal le recomiende leer el libro “El fin del poder” -si gusta se lo regalo- ya que quienes suponen que las viejas fórmulas de acceso y ejercicio del poder les garantizan la permanencia, se están llevando en todas partes chascos gigantescos.

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