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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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03 Enero 2016 04:10:01
El fondillo de cortaúñas
Sería porque en aquellos remotos parajes que alguna vez fueron pantanos, uno comía lo que había… y como estuviera.

Mal se afanaba mi ma´linda en preparar las tortillas a mano y servir desde el jarro de frijoles hasta que mostrásemos las manos limpias y olorosas a jabón, que al rato andábamos apedreando mangos para comerlos con chile en polvo.

La consecuencia eran aquellas tremendas rasquiñas de fondillo… la típica comezón que indica que algún ser alienígena se encuentra en nuestro organismo.

Lombrices, casi siempre…

Yo no lo padecí mucho, debo decirlo…

Felisa, mi cubanísima abuela solía preparar un menjunje espeso, en base de epazote y un pegamento que debía ser polvo de pata de chiva… o algo parecido.

Espantoso al olfato y una tortura al paladar… no había bicho que se le resistiera.

Por eso es que uno adoptaba ciertas maneras de caminar, de culito apretado para rascar el fondillo sin necesidad de llevar los dedos hasta ese sacro lugar.

Porque apenas Felisa nos descubría dándole masaje a los bichos, se lanzaba al monte a buscar la yerba necesaria para mezclarla y preparar el menjunje…

Me recuerdo aquella vez en que Armando, el Ratón, andaba como desesperado… miraba para todos lados, agarraba ramitas del ciruelo que estaban secas del otoño… las pulsaba, las quebraba y meneaba la cabeza.

“No, no… esta no”.

Entonces reparó en mi mochila, colocada en el corredor que daba a la casa paterna… los ojos le brillaron cuando vio el lápiz Mirado, al que mi sabio padre acababa de sacar punta con la navaja de afeitar.

Lo tomó con mano temblorosa y sonreía gustoso mientras se dedicaba a rascarse el fondillo…

Felisa lo vio… lo espió desde la rendija de la ventana y luego salió con la pócima de marras.

“A ver Ratoncito… venga para acá… le voy a invitar de este remedio”.

“¡No Má Pile… No Má Pile!”, decía el chamaco levantando las manos, una de ellas todavía con el lápiz en la mano…

“Ándale… orita le voy a decir a tu mamá que te dé la purguita… porque te estabas rascando la colita”.

Ratón se quedó quieto un rato… como conejo lampaceado… Finalmente reconoció, a su modo… “Sí… güero… sí”.

“¿Verdad que sí?”

“Sí, Má Pile… pero no mes por bichos”.

“¿Entonces?”

“Es que le estoy enseñando a mi fondillo a sacarle punta al lápiz… ¡mire qué bonito me quedó?”

Por aquella gracejara, llena de ingenio, se ganó el Ratón el derecho a tomar un Mister Q de fresa luego de la purga… pa'que no le supiera tan feo.

Aunque de salvarse… ¡nada!

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