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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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23 Agosto 2015 03:10:13
El gran secreto
Yo era malo para trepar a los árboles… pero trepaba.

En la parte media del mango, podía ver al bulevar por donde cruzaba el tío Juan cuando venía de la Ford, con su uniforme kaki.

Yo era malo para trepar, pero Lucio el Checherengüe era poco menos que un simio.

En 15 segundos estaba hasta mero arriba, columpiándose entre las ramas.

“Súbele Negrito”…

Yo me quedaba tranquilo, pescado con todas las uñas de mi rama… “No gracias, aquí estoy bien”.

Pero un día… un malhadado día, en que estaba yo en mi rama disfrutando de una guanábana recién cortada, llegó Chibirico resoplando.

“¡Negrito… Negrito!… ¡La prieta se está bañando!”

Yo no dejé de saborear mi guanábana… pero Chibirico insistió…

“¡Te digo que la Prieta se está bañando!”

Sentí que el desgraciado meneaba mi rama… solté la guanábana y me abracé de las hojas… del tallo… de lo que pude, para no caer.

“¡Deja de fregar!… ya oí que se está bañando… ¿quieres que le vaya a lavar la cola?”

En eso llegó el Checherengüe… Chibirico le explicó el tema y subió hasta arriba.

“¡Pa' su rebomba madre!… ¡Está en pelotas!” ¿En pelotas?

La Prieta… mi Prieta… mi amor imposible… la que me quitaba el sueño…

“¡Ira… ira!… ven a ver”.

Chibirico tampoco era bueno escalando árboles, pero era mejor que yo… así que con la lengua de fuera… pescándose a como podía fue subiendo… tres, cuatro metros más arriba…

“¡A'ijuepucha!… ¡A'ijuepucha!”…

¿Valía la pena arriesgarme a subir… a sentir el vértigo de las ramas mecidas por el viento, conmigo colgado de una de ellas?

Bueno, ¡era la Prieta!…

Hice el intento… pero la mera verdad, se me aflojó el cuerpecito… me temblaron las patitas… me dieron ganas de orinar… decidí que no…

Los dejé paladeando aquella hermosa vista que para mí, era nada más imaginaria.

Bajé e hice lo que un buen muchacho debía hacer.

“¡Chibirico… chamaco culocaliente!… ¡Bájese de ese árbol!”

Doña Meche estaba abajo del árbol, con tremenda cuarta…

La tía Godeleva no decía nada… pero con la mirada hizo que Checherengüe bajara despacito, con la mirada humillada…

¡Y sopas!… cuartazo para uno… cintarazo para el otro.

“¡Sátiros… enfermos… pervertidos… seguro traerán los calzones almidonados!”

Sí señor, fui a denunciar los hechos a la autoridad, y la autoridad procedió.

Esa noche, en la fogata de los descamisados, fui llevado a juicio…

“Pinche Negrito… te mamaste… ¿Pa' qué nos fuiste a acusar?”

Guardé silencio…

“¿No somos amigos?”, pregunté… dijeron que sí.

“Entonces, si un amigo no se puede papear… nadie se papea… somos todos o ninguno”.

El argumento bastó…

Además, no me iban a reclamar… yo había llevado un pedazote de pastel que mi Má Linda tenía en el refri… claro, también me gané mi cuartiza por ello.

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