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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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17 Junio 2018 04:00:00
El hombre de mi vida, mi primer amor… ¡mi padre!
QUERIDOS AMIGOS: con una mirada al cielo, invocando a Dios, agradezco infinito la vida de mis padres, y hoy en especial, ese angelote que Dios me dio por papá, el tan distinguido, admirado y respetado por todos los que han tenido el privilegio de conocerlo como el Dr. Marroquín, hombre de alma grande, noble, sencillo, culto, de grandes valores, como la honestidad, el respeto, la solidaridad; virtudes como la paciencia, sabiduría e inteligencia, modestia aparte, en resumen, gran hombre, hijo, esposo, hermano, amigo, padre y abuelo intachable. ¿Qué más puedo pedirle a la vida?, sólo agradecer infinitamente su vida, muy orgullosa de ser su hija. Espero él de mí también, o por lo menos es mi lector y fan número uno de esta columna. La verdad que quien conoce a mi papá sabe que es muy estricto en su forma y bueno creo que su amor de papá, hace ver mi columna muy buena para él, los domingos espera con gusto el periódico para leerla. Es hermoso cuando llego a casa de mis papás y él está en la cochera esperándonos con gran júbilo a mis hijas y a mí, a veces no vamos todas y creo que se pone algo triste. Sin embargo, mi hermano Sergio y su bella familia siempre van y los pequeños nietos les alegran el día sin duda alguna, tanto a mi mamá, como a él.

Estoy recordando y se me está haciendo un nudo en la garganta, pues el domingo pasado mi padre le dio muy temprano, sin saberlo, el último adiós a nuestro muy querido vecino Sergio Evelio González, vecinos él y Leonora su esposa, desde hace 30 años, se dicen fácil, imaginen ustedes, las infinitas anécdotas que pudiera contarles, gran amigo y excelente vecino, le agradezco el que siempre estuvo al pendiente de mis padres, en varias ocasiones se lo hice saber, tengo la dicha de decir lo que siento y no quedarme con ello. Vive enfrente de mis papas, sí, vive porque su esencia sigue en el barrio, y su querida esposa Leonora, bellas personas ambos, junto con sus cinco hijos, Ana, Eduardo, Andrea, Sergio y Leonora, aunque cuatro ya se casaron. Casi siempre me quedaba a platicar con él antes de entrar a casa de mis papás, era tan ameno, en muchas ocasiones de más chiquilla, nos sentábamos debajo del gran y famoso pino, nos tomábamos alguna bebida, a veces se juntaba don Manolo (Q.E.P.D.) otro vecino y así, mi papá, en fin, se iba juntando la raza. Y claro, arreglábamos el mundo. Este domingo no estuvo físicamente, pero está en el alma de todos nosotros que lo seguiremos recordando y queriendo siempre, muy alegre, conversador, servicial, juguetón, era como un niño, de verdad que pasaban las horas y la plática jamás terminaba, hasta jugaba americano con los muchachos. Gran papá también, nos consta y orgulloso de su familia. Aún no lo asimilamos, los designios de Dios son misteriosos, sin duda, aunque no comprendamos, su misión terminó con honores y formó una bella familia a la cual queremos mucho y saben que estamos con ellos. No quería dejar de dedicarle estas breves líneas con gran cariño. Se le extrañará mucho.

Somos privilegiados sin duda de tenerte papá, de disfrutarte domingo a domingo, junto con mi querida mamá, ambos han formado una gran familia, gracias infinitas por tanto amor y dedicación para nosotros, sus hijos y nuestras familias. Te amo papá, eres y serás el gran amor de mi vida, supongo que el de mis hermanas también, aunque ellas son poco expresivas y muy calladas, yo hablo y me expreso por ellas, no se apuren ja, ja. Alguien me preguntó hace un par de años que ahora a qué te dedicabas, pues les dije: a recibir la cosecha de toda una vida. Es decir, en el área profesional, tiene por lo menos más de una década recibiendo reconocimientos nacionales, estatales, locales, pero jamás valdrán más que el reconocimiento y el amor de nosotros tu familia, sabes que cada uno de tus, hijos, Mirna, Elba, Jorge, Sergio, y yo, junto a tus nietos y junto a mamá, son lo que más amamos. ¡Gracias por tanto! A Dios gracias por tu vida y la de mamá.

Gran trabajo, pues somos personas trabajadoras y de bien. No te llegaremos ni a los talones, pero hacemos un esfuerzo, eres inspiración para mis hijas y demás nietos. Te amamos papá, gracias por ser ese hombre maravilloso con mi mamá. Tu regalo, el que sepas que soy feliz. Qué difícil es no poder seguir escribiendo tantas cosas bellas que eres papá. El papel es insuficiente.

Perdona si, alguna vez, te hice llorar como cuando enfermé y me viste sin cabello. Y tantas otras probablemente que no sepa yo. Sé que extrañas a tu hermanita, igual que todos, pero aquí estamos amándote con toda el alma tu familia. Gracias por jugar con mis hijas, por guiarlas y ayudarlas en todo, eres el mejor papá y abuelo para nosotras.

Espero que todos los padres tengan hoy un abrazo con amor de sus familias. Que Dios los bendiga abundantemente.

Hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.

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