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Jorge Castañeda
Jorge Castañeda
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01 Febrero 2017 04:07:00
El hombre más rico de Brasil… al tanque
Antier fue detenido en Río de Janeiro el empresario Eike Batista, hasta hace poco el hombre más rico de Brasil, el sexto más rico del mundo, y quien aspiraba a ser el “Slim” brasileño. Volvió de Nueva York y llegando al aeropuerto de Galeão la Policía Federal lo apresó para llevarlo a la prisión de Bangu, donde fue rapado y encerrado en una celda con otros cinco reos.

No tiene derecho a prisión de cuello blanco ya que, en Brasil, para tener acceso a ello se necesita comprobar estudios universitarios.

Batista había hecho una enorme fortuna desde principios de siglo por varias vías. Primero, supo de la ubicación de grandes yacimientos de minerales ya que su padre había sido ministro de Minas bajo el régimen militar y después presidente de la enorme empresa hoy llamada Vale, en esa época Vale do Rio Doce.

Después se adentró en otros ámbitos, desde una constructora hasta plataformas marinas y, sobre todo, compró lotes para explotación petrolera en aguas profundas (no el presal) brasileñas donde en principio esperaba lograr niveles de producción elevadísimos. Eso no sucedió. Sus previsiones de producción siempre se quedaron cortas y a casi tres años empezaron a quebrar sus empresas.

Hoy todo parece indicar que no sólo fueron equivocadas sus previsiones, sino que él fue obteniendo recursos de diversos inversionistas (al estilo Bernard Madoff) contra proyecciones de producción muy elevadas y dichos recursos fueron transferidos a las campañas del Partido de los Trabajadores en general, y en particular de Lula en 2006 y de Dilma Rousseff en 2010 y 2014.

Ha sido acusado formalmente de haber transferido una suma relativamente pequeña, quizás de simple compra de buena voluntad a la cuenta de Sergio Cabral, exgobernador del estado de Río de Janeiro, también preso, y una de las principales figuras del llamado “Lava Jato”.

Junto con Marcelo Odebrecht, el dueño de la mayor constructora de Brasil, y André Esteves, uno de los principales financieros del Banco BTG en Brasil, es el tercer gran empresario que cae preso por los escándalos de corrupción de Petrobras y el PT, pero sin duda el que fue el más glamouroso, conocido y ambicioso.

No es imposible que Batista sea liberado pronto de la prisión preventiva en la que ha caído; tampoco es imposible que haya entrado en la dinámica de la llamada delación premiada que existe en Brasil, al estilo “plea bargain” en Estados Unidos, donde un acusado se vuelve testigo de cargo y presenta testimonios que permiten acusar a otros, en particular a ciertos políticos.

El juez Sergio Moro sigue buscando como imputar al expresidente Lula Da Silva por actos de corrupción, y es posible que la detención de Batista y su probable delación tengan que ver justamente con Lula.

Hay desde luego un elemento de revanchismo social o clasista en Brasil frente al encarcelamiento de Batista, que sí se pasaba en sus excesos de gastos ostentosos. Y es probable también que hoy se le imputen delitos que cuando los cometió, o en todo caso cuando se hizo rico, tal vez también lo eran, pero aceptables.

De cualquier manera, lo que hoy vemos en Brasil es que la impunidad no existe, ni siquiera para el hombre más rico del país más rico de América Latina. No es poca cosa. Conviene mirar hacia el sur, no como argumento estúpido para sustituir EU por Trump o para diversificar nuestros lazos, pero sí para entender lo que incluso países con una larga historia de corrupción como Brasil pueden lograr.
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