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Gerardo Alberto Moreno
Gerardo Alberto Moreno
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13 Julio 2009 02:59:59
El IFE, ¿un organismo sólido o endeble?
Recordaremos que el Instituto Federal Electoral es creado en el año de 1990, a tan solo dos años de que el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, tomara posesión como mandatario de este país, tras la elección tan accidentada de 1988, donde la entonces comisión electoral, dependiente de Gobernación con Manuel Bartlett, alegó caída del sistema e hizo presumir a todo México un enorme fraude electoral, conmocionando la vida política del país y retrocediendo considerablemente en materia democrática y en la confianza del electorado hacia el Gobierno y sus instituciones.

Tras la crisis del 88, el presidente Salinas crea el Instituto y, según el maestro José Woldenberg, en las primeras elecciones ya organizadas por el instituto en el año de 1990, éste logra obtener y generar la confianza de los ciudadanos de un 30% a un 85% en materia de organización de las elecciones.

Vemos como en tampoco tiempo el IFE logra lo que ninguna otra institución dentro del Gobierno mexicano: ganar o adquirir confianza dentro del elector, quien de manera permeable logra ver el cambio y la evolución responsable en materia político electoral.

Después de varias elecciones intermedias y dos presidenciales con Ernesto Zedillo en 94 y Vicente Fox en 2000, el IFE vuelve a ser pieza fundamental en la consolidación de la vida democrática de nuestro país, sobre todo en la de 2000, al ser la primera vez que el partido hegemónico de la historia de México posrevolucionario, el Partido Revolucionario Institucional, no llega a Los Pinos, imaginando lo que eso representaba para las esferas de control político que por décadas lo habían detentado, y que a lo mejor me atrevería a decirlo, que sin la existencia del IFE, probablemente ese priato nunca se hubiera podido terminar, al menos por la vía de derecho.

Hay que ver en este último ejemplo de la elección del 2000, que nos muestra de lo que está hecho el Instituto Federal Electoral, tras declarar la victoria del panista Vicente Fox Quesada sin temblarle la mano a esta tan honorable institución mexicana, saliendo una vez más adelante y fortalecido.

Después, como todos sabemos, viene la elección de 2006, donde ya la situación que antecede a los tiempos electorales y de campaña, sobre el arraigo de un sentimiento generalizado entre el pueblo mexicano de hartazgo ante el desarrollo irresponsable, corrupto y mediocre de nuestra clase política, la guerra sucia entre los partidos políticos, sus presidentes y los principales actores políticos en 2006 como Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón Hinojosa y Roberto Madrazo Pintado, son una serie de variables que vienen a poner en una situación caótica al Instituto Federal Electoral en la organización y en su momento en la declaración de la elección, donde la diferencia tan estrecha entre el candidato de la coalición entre el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo y Convergencia y el abanderado de Acción Nacional, hacen que el consejero presidente del instituto dudara en su declaración parcial sobre quién fuera el ganador de la contienda electoral.

Pero particularmente en este punto de la historia mexicana, no creo que el débil haya sido el IFE, sino que por la presión que existía a este organismo el mismo día de la jornada electoral, la serie de variables que mencionaba en párrafos anteriores, más las estrategias irresponsables de los competidores finales, que sin mediar una declaración oficial ya se encontraban festejando el triunfo de la elección en sus bunkers principales, y la serie de declaraciones mediáticas de los partidos y sus actores, fueron lo que en la opinión del que escribe estas líneas, hicieron que el IFE se viera endeble ante los ojos del ciudadano, que horas antes había emitido su sufragio y de los que ni siquiera habían ejercitado su derecho de voto también se formaran una mala opinión sobre el órgano encargado de realizar, organizar y declarar la validez de las elecciones en nuestro país.

Ahora, a escasos ocho días de que se realizó la elección intermedia para elegir a diputados federales, vemos nuevamente de lo que está hecho el IFE, que sin mayores calificativos, está hecho de responsabilidad, profesionalismo, seguridad y certeza jurídica y política.

Y en el cual podemos seguir confiando como mexicanos y tan es así, que la participación ciudadana se vio rebasada en la expectativa de nivel de votación que el propio instituto y las principales casas encuestadoras proyectaban, misma que osciló en más de 34 millones de votos, que representan algo así como el 44.68% en las urnas.

Este nivel de participación son los verdaderos indicadores y opiniones sobre si el IFE es sólido o endeble, éstas son las declaraciones que sí valen, las de los ciudadanos y no las de los políticos que sólo critican al IFE.

El autor es miembro del Circulo Editorial de la Fundación Trascender, A. C. Vínculo de Profesionistas.
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