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Federico Muller
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24 Marzo 2017 03:00:00
El impuesto fronterizo
Es el viejo sueño de los líderes políticos que comulgan con el proteccionismo que sus economías sean autosuficientes hasta donde puedan serlo, limitar las importaciones del resto del mundo y capitalizar las “desventajas” del libre comercio, en donde obviamente hay perdedores, para tratar de cerrar las fronteras a los productos de otros países.

En pleno siglo 21, se puede decir que esas políticas atentan contra las normas y reglas fijadas por las naciones miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la cual pretende ir disminuyendo paulatinamente los aranceles a las importaciones para facilitar la mundialización comercial y financiera. La historia económica señala que ha habido etapas en la historia en que resurge el proteccionismo y lamentablemente no ha tenido un final exitoso.

Con las políticas proteccionistas que pretende llevar a cabo la administración del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se intenta retener la inversión estadunidense en “casa”; políticas y estrategias que paradójicamente se conciben en el seno de los representantes y senadores republicanos, un partido político que tiene como principios inalienables la libertad y el libre mercado. Desde hace tiempo, los congresistas de ese partido han manifestado su interés por disminuir el impuesto a las empresas afincadas en territorio norteamericano como un incentivo para que no abandonen el país. Además de la rebaja en el impuesto corporativo, han propuesto un arancel fronterizo que grave a las importaciones que lleguen a Estados Unidos.

El cinturón del óxido, así le han llamado los periodistas estadunidenses al conjunto de instalaciones de empresas abandonadas que migraron a otros países con costos relativos de producción más competitivos, particularmente en mano de obra. Ese desolador panorama fue uno de los reclamos que los votantes blancos hicieron a Trump cuando andaba en campaña durante la elección presidencial. Como consecuencia de ello, se han esbozado algunas propuestas que todavía no se han definido con certeza y que el Presidente llevará a cabo en el corto plazo para generar empleos y atraer inversión.

El impuesto fronterizo. Se trata de imponer un arancel de entre 20 y 30% a las importaciones estadunidenses, especialmente si provienen de México o China, y con los recursos captados se financiaría el muro fronterizo entre Estados Unidos y México. Con esa propuesta surgen algunos escenarios posibles que se comentan brevemente:

1. Que los consumidores estadunidenses paguen ese impuesto al adquirir los productos importados, desembolso que no sería gravoso para ellos, pues según un funcionario de la administración federal, esa medida arancelaria se complementaría con políticas que incrementarían el salario a los trabajadores como consecuencia del freno a la inmigración ilegal con la construcción del muro.

2. Que las empresas afincadas en EU y que compran productos de México, acuerden con sus contrapartes mexicanas un descuento en los precios de venta que sea similar al monto del arancel fronterizo fijado. Escenario poco probable porque castigaría los precios y los beneficios de las empresas, en este caso el consumidor final no sufriría ningún aumento en los precios de los artículos importados.

3. Y finalmente, otra posibilidad es que aparezcan en el mercado otros competidores que reemplacen al mercado nacional, países que ofrezcan a Estados Unidos precios más competitivos que los determinados por México.

Todos los escenarios planteados son perjudiciales para la economía mexicana, pero los dos últimos desatarían una drástica caída en la producción y el empleo.
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