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Denise Maerker
Denise Maerker
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26 Enero 2011 04:00:03
El infierno en una casa cualquiera
Qué bueno que los liberen, pero de fondo no se ha hecho nada

Los fiscales llegaron al número 51 de la calle de José María Castorena, en la delegación Cuajimalpa, y pidieron que se les diera acceso al lugar. La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal les había advertido que ahí podían encontrar a personas retenidas en contra de su voluntad, así constaba en una denuncia que habían recibido recientemente.

Los jóvenes que abrieron la puerta los dejaron pasar. Adentro, el horror. 75 personas: 72 adultos y tres menores, 72 hombres y 3 mujeres. Todos en pésimas condiciones de salud: desnutridos, con enfermedades respiratorias, con dermatitis y hongos. Tres viejitos, uno de ellos sin una extremidad, con enfermedades crónicas evidentes e infecciones no atendidas. Los 72 hombres dormían en un solo cuatro de 5 por 5. “Unos encima de otros”, dice el fiscal José Gil García que estuvo en el lugar.

Las actividades: permanecer acostados la mayor parte del día y cuando se les ordenara hacer la “fajina”: limpiar baños, trapear la escalera, barrer. Por las noches tocaba bajar a escuchar las “maratónicas”: pláticas nocturnas inspiradas probablemente –las autoridades todavía desconocen el contenido exacto de esas pláticas– en las sesiones que hacen los grupos de alcohólicos anónimos.

Las mañanas empezaban a veces con “latigazos”, así le llamaban a los baldes de agua fría que les echaban temprano. Los vigilaban los “padrinos” y cuando se portaban mal los metían en una cisterna. Nadie podía salir.

Llegaron ahí, dicen, para regenerarse. A algunos los metieron sus familias, otros dicen haber sido recogidos en la calle. No hay, por lo pronto, evidencia de que fueran explotados laboral ni sexualmente.

¿Cómo se beneficiaban los dueños del lugar? No está claro. Algunos dicen que sus familias pagaban cuotas o llevaban despensas y otros que ellos tenían que aportar personalmente dinero.

Los seis detenidos, entre quienes no hay ningún “padrino”, insisten en que ellos lo único que estaban haciendo es un favor a la sociedad. Lo que es un hecho es que “los adictos” estaban sometidos. Los fiscales constataron que los 75 presentan daño sicológico y está “minada su voluntad”. El lugar se llamaba “Aprendiendo a vivir”.

No es la primera vez. El 3 de diciembre del 2009 en un operativo similar la misma Procuraduría liberó a 105 personas que estaban retenidas y eran obligadas a trabajar en una supuesta clínica de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, “Los Elegidos de Dios”. La noticia le dio la vuelta al mundo y causó gran indignación. Sin consecuencias, por lo visto.

¿Qué se ha hecho para que esas seudoclínicas no se conviertan en depósitos de seres humanos a quienes por sus adicciones o enfermedades nadie quiere? ¿Qué se ha hecho para evitar que cualquiera por unos cuantos pesos se convierta en especialista en el tratamiento de adictos? Por lo pronto, si no los pusieron a trabajar o a prostituirse tuvieron suerte. Qué bueno que los liberen, pero de fondo no se ha hecho nada.
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