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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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13 Noviembre 2016 04:00:00
El infierno y los millennials
“¿Que no sabes que ya es legal agarrar a las mujeres por el coño?”. Esa es la “broma” favorita de los seguidores del hoy presidente electo, sobre todo cuando una mujer es su interlocutora. Y es que era inevitable que, con la victoria de Donald Trump, cualquier discurso y actitud racista, misógina, homofóbica y xenófoba se sintieran automáticamente validados.

En los últimos días hemos visto varios episodios de agresiones a miembros de todas las minorías. Todos tristes, reprobables, inadmisibles en pleno siglo 21, en una democracia pluralista e incluyente. Sin embargo, Estados Unidos se convirtió, de la noche a la mañana, en la tierra más fértil para el odio; ahí donde ahora todos creen tener licencia para agredir, insultar, violentar al otro, por la sencilla razón de que su hoy presidente electo fue así –agrediendo, insultando y violentando– como se hizo de la Presidencia. Se parte el corazón cuando vemos a niños de edad primaria cantarle a otro, de origen hispano, que se construirá el muro; o cuando supimos del caso de otra pequeña hispana que fue cuestionada por su maestro sobre si ya tenía listo su boleto de avión para regresar a México. O al hombre afroamericano al que un par de hombres le exigieron a gritos que regresara a África, aunque fuera nativo norteamericano. O al homosexual ensangrentado de pies a cabeza porque en “In Trump’s America there is no room for fagots” (en la América de Trump no hay lugar para los putos). O el chavo musulmán al que por poco tiran a las vías del Metro. Y estas son apenas algunas estampas del naciente infierno americano. La infamia del discurso del ahora presidente electo sacó a las bestias que todos sus votantes llevan dentro y pareciera haberles dado luz verde en su demencia.

En todas partes del mundo, los resultados de la elección en EU fueron recibidos con la misma cara, sobresalto y fundadísimos temores. Donald Trump no es precisamente una figura que conecte con las mejores causas del esfuerzo civilizatorio del último siglo. Conecta tan sólo con las sombras y el peor lado de las más bajas pasiones y vísceras humanas. Con la parte más animal de sus votantes. Ni modo, así hay que decirlo. Apenas ayer decía que las protestas en su contra que se realizaron en varias partes de EU eran a causa de la manipulación que ejercían los medios. Horas después, se contradecía al decir que aplaudía estas protestas, porque eran muestra del amor que se le tiene a su país. Qué esperanza puede haber en un plan de gobierno de quien no es capaz de hablar para todas las direcciones. Que no es capaz de hacer un solo llamado a la restricción y la civilidad de quienes por él votaron, que no logra siquiera contener lo que ya aparece como un incendio naciente por la polarización que él provocó, pero que claramente no está interesado en controlar. Pues será a él a quien le estalle el horror cuando llegue a la Casa Blanca.

Pero hay un mapa que nos hace pensar que no todo está perdido. Desde luego que los próximos cuatro años pintan complicadísimos. El mapa de la esperanza es el mapa del voto millennial: si sólo los jóvenes de Estados Unidos hubieran salido a votar, Hillary Clinton sería, sin duda alguna, la presidenta electa. La casi totalidad del mapa de Estados Unidos pintado de azul cuando miramos al voto de los menores de 35 años. Sólo en Dakota del Norte, Wyoming, Idaho, Kentucky y Virginia Occidental, los millennials votaron por Trump. Nada. De todo ese enorme resto del país, incluso en estados como en Texas, Arizona, Utah y Florida, los jóvenes optaron masivamente por Hillary Clinton. Ahí está la ventana de oportunidad para cualquier político de allá, de aquí o donde sea.

Los jóvenes son quienes más rechazan los discursos de odio, el fanatismo y la discriminación. Nacieron en la era de la equidad. Son hijos del siglo 21 (de internet y de las redes). No del 20. Y mucho menos del 19. Y ya sea Michelle Obama (que ojalá, ojalá sea candidata en 2020) o cualquiera que en nuestro país ande pensando en 2018, la planeación del futuro deberán construirla también junto a quienes formarán parte de él.

Es la única posibilidad, si de construir muros se trata, alejarnos de aquellos discursos que dividen y que interrumpen, porque giran de golpe en sentido contrario al avance de una sociedad. Serán ellos, los millennials, la esperanza, quienes logren detener este, el naciente infierno americano. Y ojalá también los demás que ya se anden cocinando alrededor del mundo.
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