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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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08 Enero 2018 04:00:00
El juego ciencia
Por: Aída Sifuentes

Con milenios de antigüedad, el ajedrez ha conseguido posicionarse como un símbolo de estatus intelectual alrededor del mundo, sin embargo, algunas personas lo enlistan, erróneamente, entre los juegos de azar.

El año pasado trascendió en internet cómo la WGM Carla Heredia fue expulsada de un centro comercial en su natal Quito, Ecuador, por jugar ajedrez en el área de comida del recinto. Afortunadamente todo terminó con una disculpa pública por parte de los encargados del lugar y hasta organizaron una exhibición de simultáneas para resarcir el daño.

Otro ejemplo son los guardias de la Infoteca Central de Arteaga de la UAdeC, que tampoco consideran propicio que se juegue al ajedrez en las mesas de estudio y cada intento resulta fallido contra las impasibles reglas que resguardan el orden de la biblioteca.

¿Cómo es posible que después de siglos de existencia el ajedrez, esté en el mismo nivel que un juego de azar como las cartas o los dados? Esta confusión no es culpa de nadie, tan sólo de la ignorancia.

Resulta interesante que a pesar de que el ajedrez es un juego, las posibilidades de los 64 escaques son tan bastas que también se presenta como un deporte, una ciencia y un arte. Los que tienen poca cercanía al juego se asombran al ver que existen libros y manuales donde el jugador puede estudiar aperturas, refinar su mirada táctica o aprender finales.

Al igual que un gimnasta que repite la misma pirueta cientos de veces hasta que la domina con precisión, el ajedrecista que se prepara para un torneo invierte largas horas en estudiar posiciones con algún libro o un programa de computadora.

Enfrentarse a una partida a nivel profesional es como presentar el examen final de una materia universitaria. Un examen práctico que se va dificultando a medida que avanza el juego.

Pero no sólo en la competencia el ajedrez ha demostrado sus dotes científicos, el misticismo que envuelve el tablero ha despertado la curiosidad y admiración de cientos de genios e intelectuales aficionados al ajedrez, como Gauss, Euler, Shannon (por mencionar algunos).

Euler diseñó un problema matemático donde el caballo hace un recorrido por los 64 escaques sin repetir alguno. Claude Shannon, padre de la teoría de la información, descifró la complejidad de los posibles movimientos de ajedrez, con el número de Shannon (que es iguala 10 elevado a la 120 potencia; se estima que el número de átomos en el universo es 4x10 elevado a la 78 potencia).

Está demostrado que incentivar el pensamiento analítico despierta la creatividad para resolver problemas. Fomentemos las prácticas que nos guíen a la reflexión, al aprendizaje y la superación. Fomentemos el ajedrez, que no por nada es llamado el juego ciencia.
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