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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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17 Abril 2018 04:00:00
» El juego podrido
Pobre democracia la nuestra, sin reformas, ni búsquedas, ni vanguardismo alguno; sumida en la rebatiña, los chantajes, los acuerdos soterrados y hasta los avales de los grandes cárteles a quienes no se observa preocupados por el muro de Trump –supuestamente para detener a indocumentados y drogas-, sabedores de que las agencias de inteligencia estadounidense habrán de ingeniárselas –de hecho, ya lo hicieron-, para regular y mantener el consumo de estupefacientes; otra cosa sería un maremágnum de consecuencias inimaginables.

Decimos lo anterior porque no hay sujetos peores que los adictos cuya esquizofrenia aguda puede causar males mucho mayores, a ellos mismos y a quienes les rodean o se cruzan por sus caminos, ante el imperativo de fumar, ingerir o inyectarse las drogas requeridas para estar equilibrados y resistir el artificio de parecer robots, sin voluntad aunque digan ser libres y rectores de la democracia en el mundo, por lo cual no han sido siquiera capaces de reaccionar ante el oprobio de la ilegitimidad del “pato” Donald Trump, erigido en mandatario gracias a los hackers de Rusia, el descontrol de Facebook sobre las identidades de sus suscritos y, peor aún, la intervención grotesca de empresas, como la Cambridge Analytica, capaces de manejar los algoritmos a su entera voluntad. Trump, sencillamente, es un embustero, un fraude, como lo ha sido toda su vida; y, para colmo, mantiene al mundo en un hilo.

En México, los cauces no son muy diferentes. Las encuestas, como anunciamos, comienzan a acortar distancias entre el puntero y quien suponen segundo lugar en la contienda presidencial, tal y como lo hicieron en 2006 cuando Calderón, el tantas veces mentiroso y además usurpador, apareció un día colocado en empate técnico con Andrés, aspirante entonces del PRD –ahora aliado con el PAN en la mayor contradicción política de nuestra historia-, sin que se hubiese producido más milagro que el de alterar cifras y asfixiar, con el aval del traidor Vicente Fox –execrable sujeto-, toda posibilidad de alternancia. Un mundo infectado que fue herencia para Enrique Peña quien lo asimiló y lo hizo crecer hacia el inframundo de la democracia.

La historia se repite. Las encuestas se igualan y hasta le conceden margen al repulsivo “mansito” de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, especialista en arrodillarse en privado y exaltarse en público o bajo los reflectores, con tal de darse una importancia de la que obviamente carece. Y mientras, que su estado camine solo o como pueda, con muletas y artificios... aunque se trate de una de las entidades de mayor peso económico y político del país.

Si con trampas y chantajes fueron incluidos, como únicos independientes luego de sacudirse a quienes acaso tenían como báculo una mayor autoridad moral, tanto la Margarita de las estrellas y “El Bronco” de los despistados, ¿qué es dable esperar para el fin de la contienda? Parece más fácil otorgarle una victoria al norteño y su caballo que reconocer la de Andrés cuando llegue el momento de los escrutinios y aparezcan palomas blancas en vez de votos y sufragios en blanco por obra de la teletransportación, desde el INE hacia cada casilla comprometedora.
Y le llamamos democracia.

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