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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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22 Diciembre 2018 04:07:00
El mal de México
El catálogo de los más ricos del mundo del Almanaque de Gotha incitó al talentoso escritor y cervantista Jaime Torres Mendoza a dedicar su columna en Espacio 4 (603) al mayor mal del país: la corrupción. El texto es bastante recomendable y de él comparto algunas partes:

«Pues bien, en ese gran anuario, que se publica en alemán y en francés, aparecen en los últimos años, algunos mexicanos, lo cual me parece a mí asunto de escándalo no exento de inmoralidad, sobre todo cuando en este país existen millones de pobres que la pasan mal en su vida cotidiana. Me parece que es una cuestión de escándalo porque yo he visto tantos rostros de niños, mujeres y hombres de todas las edades en las páginas de los periódicos. He visto en esos pliegos de papel los retratos de tantos cuerpos heridos o muertos.

»Ante esa visión, como dijera un poeta, mi corazón no puede más, no puede en mundo que deja morir solos a sus héroes. Y me duele porque los héroes de este mundo no son los grandes que aparecen en el Almanaque de Gotha, esos que en todas partes tienen estatuas y reciben homenajes a granel. No, héroes verdaderos son todos aquellos que en todas partes y todos los días del almanaque, que no es el Gotha, mueren por miles de causas, que mueren como si fueran delegados de la humana desdicha con todo su sufrimiento. (…)

»Freud apuntó, quizá como respuesta a esto, a la idea turbadora de que en este mundo el mal es anterior al bien. El gran poeta Rainer María Rilke, que dicen que practicó una religión extraña pero sumamente poética, dijo que Dios estaba por venir y usó una palabra bellísima, un puro tiempo verbal maravilloso: devenir. Dios, dijo, devendrá en nosotros si nos preparamos a su advenimiento.

»Schopenhauer, sin embargo y más contundente, estableció en el mundo como voluntad y como representación, su obra filosófica cumbre, que: “si Dios existe, no me gustaría ser ese Dios, porque la miseria de los hombres me desgarraría el corazón”. Perturbador, ¿no? Quizá la cercanía de la navidad o el cambio de gobierno en mi país me hacen ver que he empezado a envejecer. Sí, soy viejo, y aunque sea sólo por eso, estoy autorizado a decir lo siguiente: aquí estoy, reclamando mi derecho a ser escuchado. Decirles a todos los conciudadanos que estoy dolido y que, como ellos, me carcomen y canceran las penas.

»Estoy así, porque el año que está por acabar, acaba mal. Para unos acaba el año muy arriba, envueltos en pompa y galas; es decir, en el lujo total. Para los demás, el año termina muy abajo, soportando sobre sus espaldas el monumento de la miseria y el descontento. Los granos de arena de cualquier playa mexicana, no alcanzarían para contar sus males.

»Sí, sé que he empezado a envejecer porque he utilizado este espacio para decirles que he apostado y sigo apostando mi alma a favor de las causas populares (dicho sea de paso, sin retórica de por medio), por la simple y sencilla razón de que pertenezco al pueblo. Por lo tanto, el pueblo y sus causas legítimas me pertenecen de forma individual. Por eso las defiendo y adopto en estos artículos de pobre palabra. Sencillamente porque también hablan de mi pobreza espiritual y económica, como la de casi todos los mexicanos. (…)

»Con todo eso, sólo quiero decir que no hacen falta ya programas ni promesas gubernamentales. Simplemente hace falta cumplir con la palabra dada y acabar con la corrupción en México, esa que malversa los fondos públicos a favor de unos cuantos y que tanto cansa y nos hace envejecer porque la hemos tolerado impunemente». (Texto completo en http:/www.espacio4.com/)
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