×
Salvador García Soto
Salvador García Soto
ver +
Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

" Comentar Imprimir
25 Febrero 2017 04:00:00
El mal presagio de la bandera rota
El hecho parece anecdótico y seguramente lo es; pero en momentos en que el país enfrenta uno de los desafíos más graves de su historia reciente, la imagen de la enorme bandera monumental del Campo Marte, rota mientras la izaban en presencia del presidente Enrique Peña Nieto, justo el día de la conmemoración del lábaro patrio, parece retratar –casi proféticamente– la situación que priva en México de cara a la relación con Estados Unidos, frente a la agresiva y hostil política exterior de su presidente Donald Trump.

Una sociedad dividida entre sus filias y sus fobias políticas que intenta mandar un mensaje de dignidad y orgullo ante el fascista del norte; un Gobierno mexicano debilitado y que despliega una estrategia unilateral y sin consenso social y político, basada más en la fuerza de un vicepresidente de facto, como el canciller Luis Videgaray, que en la del Presidente constitucional, manipulado por su principal asesor; y una negociación opaca entre las dos administraciones, con acuerdos y compromisos poco claros para la población y un doble discurso de los dos gobiernos, que dicen una cosa en público y otra muy distinta negocian en privado.

Porque después de la presencia de los secretarios de Estado y de Seguridad Interior de Estados Unidos, Rex Tillerson y John Kelly, en territorio mexicano, y de que fueron recibidos por el presidente Peña Nieto en Los Pinos, en medio de la cacería racista iniciada por su gobierno contra los migrantes mexicanos en su país, muy poco se sabe de los acuerdos concretos o planteamientos específicos hechos por los enviados de Donald Trump.

Se conocen sí frases grandilocuentes en los discursos de los dos funcionarios de la Casa Blanca. “No vamos a deportar masivamente y no participará el Ejército”, dijeron los estadunidenses, aunque al mismo tiempo que ellos sostenían eso aquí, en Washington su Presidente sí hablaba de una “operación militar” que involucra al Ejército de Estados Unidos en la detención de migrantes. ¿A quién le creemos, a Trump o a sus secretarios?

Pero más allá de eso, el Gobierno de Peña Nieto no está siendo claro ni transparente con los mexicanos sobre qué propuestas o peticiones les formularon los dos visitantes, a los que recibieron con todo el protocolo diplomático –alfombra roja incluida– y les concedieron un gesto de “buena voluntad” del Presidente, al recibirlos por casi una hora en privado en Los Pinos, justo en momentos en que en las ciudades estadunidenses aumenta la persecución y la política racista y autoritaria en la detención y deportación de indocumentados de origen mexicano e hispano. Para decirlo tan gráficamente como la bandera rota que izó ayer en el Campo Marte: Peña volvió a responder a la brutalidad de Trump y su administración colocando la otra mejilla y, todavía sonreía, mientras les decía con su marcado acento en inglés: “Welcom tu Los Pinos misters”.

Exigirán a Videgaray que informe acuerdos. La molestia por la opacidad y discrecionalidad con que se maneja el Gobierno en sus tratos con la administración Trump no sólo se da entre la ciudadanía, acostumbrada a los tratos oscuros de sus gobiernos. Esa inconformidad por una negociación que avanza sin que se informe claramente de su contenido, se escucha en el Senado, el órgano que constitucionalmente comparte la conducción de la política exterior del país con el Poder Ejecutivo. Y aunque la complacencia de la primera minoría del PRI y sus aliados, y la debilidad y compromisos de las bancadas de oposición han impedido hasta ahora una actuación digna de los senadores en un tema en que tienen facultades y obligación de intervenir, hay voces críticas que desde la oposición exigen poner un límite a la actuación plenipotenciaria con la que se conduce el canciller Luis Videgaray en sus tratos con la administración Trump.

El próximo martes Videgaray está citado a comparecer en el Pleno y al menos desde las bancadas del PRD, el PT y algunos senadores del PAN –porque otros están cooptados por sus compromisos y cercana relación con el Gobierno peñista– se planea subir el tono en la exigencia de los senadores para que el titular de Relaciones Exteriores no se abrogue toda la autoridad en materia de política exterior y de la relación con Estados Unidos en un momento tan complejo y delicado para el país. Senadores como Miguel Barbosa y Gabriela Cuevas han adelantado que le exigirán al canciller un informe detallado de qué acuerdos, compromisos o propuestas escuchó o aceptó el Gobierno mexicano en la reciente visita de Tillerson y Kelly o en las varias ocasiones en que el propio Videgaray ha estado en Washington, D.C. dialogando con el Gobierno de Trump.

Los cuestionamientos de los senadores también tienen que ver con el retraso con el que Videgaray cumplió con su compromiso de definir una “estrategia conjunta” con el Senado para regir la negociación con Estados Unidos, a la que se comprometió el canciller un día antes de su primera visita a Washington el pasado 25 de enero, cuando todos los coordinadores del Senado le dieron un respaldo abierto en aquel viaje. Apenas el jueves los grupos técnicos de la Cancillería y el Senado terminaban de redactar el decreto conjunto, cuando ya el canciller y el Presidente habían dialogado con los enviados de Trump sin tomar en cuenta los planteamientos de los senadores.

Así que el martes se verá si el canciller sigue con la “manga ancha” y el enorme poder que le ha concedido Peña Nieto –que en la práctica rebasa con mucho las facultades de un secretario– o si el Senado tiene la capacidad y la dignidad de romper con la complacencia de una oposición a modo y erigirse en el contrapeso real con el que, en teoría, debieran contar los ciudadanos para evitar que un solo hombre, por más poderoso que sea, defina con sus decisiones, acuerdos o entendimientos, el tipo de relación que tendremos con un gobierno hostil y antimexicano como es el de Donald Trump.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add