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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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24 Enero 2016 04:10:12
El Mamachichis
¡Ya te dije que no tengo… no tengo… no estés fregando!

El Chéchere salió de su casa con la quijada por los suelos y temblorosa, como quien sostiene un sollozo.

La tía Godeleva fue terminante ante su petición.

Estábamos sentados como cuervos, en el tronco del árbol de chaca que se cayó una madrugada de tormenta.

Llegó a sentarse, calladito…

Pensamos que había pedido un cinco, para los chicles Yucatán… o el veinte pal bolillo.

Chibirico se quitó un zapato y del interior sacó, además de la pata envuelta en un calcetín agujereado, una moneda de a 10 centavos.

“Ahí ta… ahí ta… no chilles”.

Chécherengüe volteó a mirarlo… meneó la cabeza y de plano escondió la cara entre las rodillas para llorar.

¡Ah!… no era dinero… ¿Pues qué fregados quería el muchacho?

Se negaba a platicar, a decirnos…

¿Qué te pasa bembón?

Silencio total…

Entonces vino Gualenche, comiendo un caimito que chorreaba su dulzor…

“¿Qué fue Chéchere?… ¿No hubo chiche?”

¿Chiche?… ¿Chiche?…

“¡Oye pinche Chéchere!… ¿todavía te le pegas a la chiche de tu mamá?”

Levantó la cara de entre las rodillas… se le quedó mirando a Gualenche, quien congeló el mordisco al caimito… “La cagué ¿verdad?”

Un chamaco de seis años que todavía mama es como un marciano…

como un perro de dos cabezas…

Chéchere tenía la ventaja de que su mamá nunca dejó de criar, se llevaban todos un añito de diferencia.

Pero los que seguían de él ya habían dejado de chuparle al morral.

“¿En serio todavía mamas?”

Seguía mirando al Gualenche con aquella cara de reproche…

con el insulto contenido…

“¡Claro que no!”…

La bemba le temblaba… “¡Claro que no!”… y lo señalaba con su dedo índice… “Yo no mamo chiche”.

Nosotros estábamos estupefactos… casi con la respiración contenida ante aquella revelación…

¡Un mamachichis!… tan cerca de nosotros y ni cuenta nos habíamos dado.

¡Con razón se desaparecía de repente a medio juego!…

Con razón nunca quería tomar el chocomil del vaso… con razón todo lo quería con popote.

Intentó explicar… se quedó con una palabra contenida, con la frase inexpresada…

Movía las manos, movía la cabeza…

“Es mentiroso el Guale… ¡Yo no mamo!” Fue que salió la tía… cargando al bebé…

“Dile a Meche que me mande una caguama… que me la apunte, pa’cargarme… o te quedas sin chiche”.

Levantó las manos al cielo… como quien se fastidia de ser descubierto…

“¡Ya no quiero… ya no quiero!”

Y no quiso…

La vergüenza acabó con su larga trayectoria chichera…
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