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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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11 Octubre 2015 04:05:25
El mejor oficio del mundo
El martes 11 de septiembre de 2007, La Jornada publicó a ocho columnas: “Toda la gente voló... todos”. Un juego de baterías descargadas salva a fotógrafo; ve morir a tres compañeros...

Al periodista Jesús Meza González un descuido le salvó la vida. La noche del domingo, junto con otros tres reporteros de la fuente de seguridad pública, llegó al kilómetro 37 de la carretera federal número 30 a cubrir el choque de un tráiler cargado de explosivos y una camioneta, pero al pretender encender el flash de su cámara fotográfica se percató de que las pilas estaban agotadas. Se detuvo para buscar las baterías de
repuesto en su chaleco. Mientras lo hacía pensaba en que sus compañeros lograrían las fotos más oportunas del accidente. En ese momento la carga del tráiler explotó. Meza alcanzó a tirarse en el pavimento y sobre su cabeza volaron pedazos de los cuerpos de sus amigos. Los cadáveres de David Herrera, reportero de El Zócalo de Monclova; Andrés Ramírez, de La Prensa, y Carlos Ballesteros, de El Tiempo, quedaron
en fila, a un par de metros uno de otro.

Herrera terminó tendido boca abajo. En la mano izquierda sostenía su cámara digital y en la derecha el radiotransmisor donde escuchaba las frecuencias policiacas, las mismas a través de las cuales se enteró del accidente que llegó a cubrir, donde minutos después perdió la vida. Tenía 40 años, dos hijas y había dedicado la mitad de su vida al periodismo, siempre interesado en asuntos policiacos y de problemática social.

Andrés Ramírez era el más joven. Tenía 23 años y un día antes de morir nació su primer hijo. “Era muy amigable. A todo mundo saludaba y siempre estaba sonriendo”, recuerda el fotógrafo Fidencio Alonso. Ballesteros murió a los 26 años. Sus compañeros y amigos lo apodaban “La Cone”. Fue el primero en ser identificado por los brigadistas que acudieron al lugar del accidente.

Los tres forman parte del grupo de 28 víctimas del estallido. Gloria López, de 45 años de edad, originaria de Monclova, estuvo a punto de morir junto con 10 integrantes de su familia con los que viajaba por la citada vía.

Entrevistada en la sala de espera de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en San Buenaventura (municipio localizado a unos 15 kilómetros del lugar del accidente), contó que luego del choque el tráiler y la camioneta obstruyeron el paso. Bajaron del vehículo para ver el incendio que consumía ambas unidades. “Nos bajamos para ver el accidente, como toda la demás gente, pero nos arrimamos mucho a ver el
camión ardiendo y de repente explotó. Toda la gente voló... todos. Fue una cosa horrible. Era mucha gente la que estaba ahí viendo; había periodistas tomando fotos y policías tratando de ayudar a los que estaban dentro de la camioneta, y fue cuando todo explotó. Yo iba casi mero atrás con mis dos nietos, pero delante de nosotras iban tres hijas mías y otra nieta, la mayor. A ellas sí las alcanzó la explosión. Las aventó y
cayeron a un lado de la carretera...
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