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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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20 Junio 2016 03:59:59
El mejor traje, el que conmovió en las redes
Gerardo González Carrillo es un profesionista recién egresado de una de las universidades de mayor prestigio y tradición en Coahuila y en México, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, “la Narro”, como muchas personas la conocemos. Es originario de Tutuyecuamama, una comunidad indígena ubicada en el norte de la sierra de Jalisco, en una zona que colinda con Nayarit.

Gerardo se hizo famoso hace unos días gracias a una publicación en redes sociales que se propagó rápidamente, pues según una nota del Periódico Zócalo sobre este caso, al momento de su redacción había sido compartida 9 mil 244 veces y alcanzado 25 mil 800 likes y reacciones a través de la página Alertando a La Laguna.

Dicha publicación contenía una fotografía, tomada por uno de sus profesores, en la que aparece Gerardo con sus padres durante la ceremonia de entrega de certificados en el auditorio en el que tuvo lugar, todos vestidos con trajes típicos huicholes, los cuales contrastaban con los trajes formales clásicos de sus compañeros: “La madre: una amplia falda verde, con una blusa roja. El padre, un traje típico, con sombrero y morral étnico. El hijo, huaraches de cuero, pantalón y camisa con ‘El ojo de Dios’ bordado”, da cuenta el texto periodístico.

La historia de este joven es inspiradora y ejemplar por varias razones. Porque está orgulloso de sus raíces y de sus padres. Porque en su graduación portó contento el atuendo que, durante dos meses, le bordó su madre. Porque con enormes esfuerzos y sacrificios dejó su casa para cursar, primero, la preparatoria en Nayarit, después, la carrera en Coahuila. Porque, precisamente, concluyó una carrera profesional en un país en donde más de 90% de los jóvenes en edad de hacerlo no lo logran (aunque algunos de ellos no enfrentan carencias económicas).

Porque tiene la convicción de regresar a ayudar a los suyos: “Cuando salí de la prepa prometí algo. Le llamamos un “Diosito” nosotros, y prometí que iba a regresar a ayudar a mi gente. Le prometí al diosito, que nos representa en el pueblo, es como una Virgen María, y quiero cumplir mi promesa”, señaló Gerardo.

Y es que ya trabaja como profesionista en una filial de la empresa en la que realizó sus prácticas profesionales, con lo que proyecta una expectativa de movilidad social (superación) mucho más elevada que las de sus padres y abuelos, no obstante que, de acuerdo con estudios, los mexicanos experimentamos, “a partir de 1988, una reducción en las oportunidades de logro ocupacional para todos los estratos sociales” y de que “la distribución de estas oportunidades entre la población ha sido más inequitativa que en el pasado” (UNAM, 2015); es decir, lo logró a pesar de que, cada vez más, los hijos de padres pobres están condenados a seguirlo siendo. Gerardo pues, venció a las proyecciones estadísticas por medio de la principal vía para la movilidad: la educación y la formación profesional.

Uno de los derechos humanos que más trasciende a la dignidad, que es decisivo para la efectividad de todas las libertades y que, por ende, es de los mayormente reconocidos, es el derecho a la educación, el cual incluye a la educación universitaria o superior. Amén de otros muchos instrumentos normativos, en el Artículo 13.2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966) se haya establecido que “la enseñanza superior debe hacerse igualmente accesible a todos”.

Desafortunadamente, por regla general, en nuestro país esto no sucede. Gerardo, en contra de las adversidades, es una excepción. Su caso debe motivarnos a todos a superarnos, comenzando por quienes la vida nos ha brindado las ventajas que él no ha tenido pero que, sin duda, de ahora en adelante tendrá. Gerardo no aprovechó una oportunidad pasajera, construyó una oportunidad de vida.
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